Archivo de 2/07/08

Comentarios al Evangelio - Las parábolas del Reino

Miércoles, 2 de Julio de 2008

P. Joao Scognamiglio Cla Dias, E.P.

Comentarios al Evangelio

17º DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Las parábolas del Reino

P. João Scognamiglio Clá Dias, E.P.

Presidente General


Tres parábolas acerca del Reino —el tesoro escondido, la perla y la red—, preciosas lecciones para nuestra vida espiritual y para alcanzar la salvación. En el fin del mundo, cuando los “pescadores” separen los “peces”, ¿estaremos entre los buenos o los malos?

~ Evangelio ~
El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta y, lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo. Es también semejante el reino de los cielos a un mercader que busca per-las preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra.
Es también semejante el reino de los cielos a una red que se echa en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena, los pescadores la sacan sobre la playa, y sentándose, recogen los peces buenos en canastos, y los malos los tiran. Así será la consumación del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de los justos, y los arrojarán al horno de fuego; allí habrá llanto y crujir de dientes. Habéis entendido todo esto? Le respondieron: Sí. Y les dijo: Así, todo escriba instruido en la doctrina del reino de los cielos es como el padre de familia, que de su tesoro saca lo nuevo y lo viejo. (Mt 13, 44-52 ).

I - EL REINO REVELADO POR EL DIVINO MAESTRO

Habiendo sido enviados algunos soldados por las autoridades religiosas del Templo para arrestar a Jesús, regresaron sin cumplir la misión, alegando que les fuera imposible ejecutarla por la sencilla razón de que nadie había hablado nunca como Él. Este episodio refleja el gran poder de expresión de la verdad enseñada por la Verdad Encarnada. Nadie llegó jamás a ser Maestro, ni llegará a serlo, en todo el alcance de la palabra, como Jesucristo lo fue. De hecho, ¿quién podrá superar la pedagogía del Predicador Divino?

Consideremos también que el hombre es moralmente incapaz de conocer por sí solo y cabalmente las verdades religiosas, requiriendo el concurso de la Revelación. Al respecto, podemos preguntar también: ¿quién mejor que el mismo Cristo para ofrecer esa Revelación? Él traía desde lo alto una rica variedad de temas para instruirnos, entre los cuales se encontraba el Reino de Dios.

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