Archivo de 30 noviembre 2010

Misión Mariana en Valencia

Martes, 30 de noviembre de 2010
Misión Mariana en Valencia

iniciando la procesión en el convento de Corpus Chisti

Coincidiendo con el tiempo litúrgico del Adviento llega la imagen peregrina de Nuestra  Señora de Fátima  para dar comienzo a la  Misión Mariana en la  parroquia de San Miguel y San Sebastián de la capital del Turia. Amaneció un día esplendoroso con un cielo azul y el sol brillaba en lo alto; las nubes y lluvia del día anterior desaparecieron para dar paso  a la claridad del día despejado y limpio como deben estar nuestros  corazones abiertos a la acogida de Nuestra Madre en nuestros hogares.

La imagen fue trasladada por los terciarios de los Heraldos desde el convento de las carmelitas descalzas del Corpus Christi  a la Iglesia de San  Miguel y San Sebastián en solemne procesión entre cánticos y el rezo del  Santo rosario, encabezada por la Cruz procesional y acompañada por  multitud de fieles devotos de Nuestra Señora y presidida por el  párroco D. Juan Andrés Talens y el vicario parroquial, D. Mariano.

A la llegada a la parroquia la imagen fue depositada en el altar presidiendo la santa misa y siendo coronada por su párroco D. Juan Andrés entre aplausos y vítores como Reina que es de nuestras vidas, la misa solemne cantada por el coro de los Heraldos venidos desde Madrid y Toledo. En la homilía D. Juan Andrés con gran entusiasmo invito a sus feligreses a abrir las puertas de sus casas a La  Virgen haciendo alusión al “No tengáis miedo” y  coincidiendo la llegada de la imagen peregrina y este comienzo de la misión  mariana con el  itinerario de renovación que ha propuesto nuestro querido  arzobispo D.Carlos Osoro en la diócesis de Valencia.

Al acabar la santa misa la imagen fue venerada por todos los asistentes dando comienzo a ese peregrinar de la imagen de la Virgen que visitará los hogares de las familias de la parroquia hasta el día 5 de diciembre que tendrá lugar la clausura de esta Misión y en la que muchas familias habrán tenido la oportunidad de recibir la multitud de gracias que Nuestra Señora ansía derramar en nuestros hogares valencianos.

fotos: Sergio Hollmann

Celebración de la Milagrosa 2010 en Valencia

Domingo, 28 de noviembre de 2010
Chon recitando el Rosario

la autora recitando el Santo Rosario antes de la Eucaristía

El pasado 27 de noviembre, fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, los Heraldos del Evangelio estuvieron presentes, como en años anteriores, en las celebraciones de la antigua parroquia de la Milagrosa, en Valencia, hoy capilla del Instituto Teológico Juan Pablo II.

El año anterior no se pudo celebrar allí, ya que estaba en obras. Este año la capilla estaba totalmente reformada.

Procesión de Entrada

Procesión de entrada dando inicio a la Eucarístía

Las celebraciones empezaron con la recitación del Santo Rosario, dirigida por la terciaria de los Heraldos que firma estas líneas, seguida de una solemne eucaristía presidida por D. Juan Andrés Tallens, actualmente párroco de San Miguel y San Sebastián. D. Juan Andrés fue el último párroco de la Medalla Milagrosa, ejerciendo allí durante muchos años, hasta que la parroquia fue trasladada a San Miguel y San Sebastián y reconvertida en capilla del Instituto Teológico Juan Pablo II. La Santa Misa fue animada por el coro de los Heraldos del Evangelios venidos desde Madrid y Toledo.

Procesión de la Milagrosa por el  Barrio del Carmen

Procesión con la Virgen Milagrosa por el Barrio del Carmen

Luego después salió la procesión de la imagen de la Milagrosa por las calles del Barrio del Carmen. El paso era precedido por un grupo de pasacalles y animado por una banda de música profesional. Debido a las lluvias no fue posible hacer su recorrido tradicional, siendo necesario acortarlo.

Fotos cortesía Sergio Hollmann:


¡Volar sin amarras!

Domingo, 28 de noviembre de 2010

Comentario al Evangelio – Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

Las condiciones para seguir a Jesús son claras. todo se  centra en liberarse de las amarras que nos atan a la Tierra.

Mons. João Scognamiglio Clá dias, EPMons. João Clá Dias

I – Amarras y lastres en la vida espiritual

En junio de 1783 los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, hijos de un fabricante de papel de Lyon, lograron hacer volar, ante la sorprendida mirada de sus compatriotas, un gran globo de lino de 32 metros de circunferencia. Lleno de aire caliente obtenido por la combustión de paja seca, el aparatoso invento se elevó del suelo varios cientos de metros y recorrió en diez minutos una distancia de dos a tres kilómetros. Tres meses más tarde los hermanos repetían con éxito su experimento en el Parque de Versalles frente a Luis XVI, María Antonieta y toda la corte de Francia.

Evangelio

En aquel tiempo, junto con Jesús iba un gran gentío, y Él, dándose vuelta, les dijo: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

¿Quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.

¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 25-33).

La técnica de fabricación de aeróstatos se ha perfeccionado mucho desde entonces, pero el principio de su funcionamiento —basado en una de las más elementales leyes de la Física— se mantiene inalterable: el aire caliente, más ligero, tiende a subir. Mientras el globo va llenándose de aire, se mantiene sujeto al suelo con amarras; en un momento dado éstas se sueltan y el ingenio emprende su ascenso, siendo entonces necesario la liberación gradual de los lastres para así alcanzar una mayor altitud.

Globo Montgolvier en Aranjuez

Los globos de aire calienet son una bonita imagen de la elevación de las almas hacia Dios. "Ascensión del globo Montgolvier en Aranjuez", por Antonio carnicero - Museo del Prado, Madrid

He aquí una hermosa imagen de la elevación de las almas hasta Dios. “Calentadas” por la práctica de las virtudes, especialmente la caridad,empiezan su elevación espiritual y comienzan a “volar”. Sin embargo, como consecuencia del pecado, suelen haber amarras que las atan a la Tierra y lastres que dificultan su itinerario rumbo a la perfección. Por ende, resulta imperativo cortar aquellas y aligerar éstos para que el espíritu humano pueda elevarse hacia lo trascendente y hacia lo eterno. A semejanza de nuestro cuerpo, las almas padecen los efectos dañinos de una especie de ley de la gravedad espiritual, por la que nos sentimos atraídos hacia lo más bajo, lo más trivial, lo que nos exige menos esfuerzo.

Existen amarras y lastres incluso para las personas consagradas, y son a veces más difíciles de romper que las de los simples fieles. Si los religiosos no corresponden a la invitación de la gracia para vivir en un mirador más elevado, podrán sentir como que un vértigo que los hará tender con particular vehemencia al apego de lo terrenal.

Para ayudar a vencer esas trabas en las instituciones religiosas, el Espíritu Santo suscitó a través de los tiempos las más diversas formas de espiritualidad que intensifican el desapego de los bienes pasajeros. La radicalidad de algunas mueve al asombro. Por ejemplo, la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos vive de limosnas, como tantas otras, pero sus miembros no pueden pedirlas: deben esperar a que les sean ofrecidas espontáneamente. 1

Cristo, teniendo presente nuestra mala inclinación, nos enseña que la renuncia y la abnegación son indispensables para ser verdaderos discípulos suyos. Esta es la lección de la Liturgia de este domingo.

II – ¿Odiar al padre y a la madre?

“En aquel tiempo, junto con Jesús iba un gran gentío, y Él, dándose vuelta, les dijo:”.

Cuando el Divino Maestro comenzó su predicación sólo unos pocos iban tras Él; pero en poco tiempo el número de sus seguidores fue creciendo hasta formar un público considerable. A esta altura del Evangelio de San Lucas, cuando el Señor camina por última vez hacia Jerusalén, ya se puede decir que “con Jesús iba un gran gentío”.

Sin embargo, hablando con propiedad, no se podría dar a todos el nombre de discípulos. Tal como acentúa el Cardenal Gomá, aquellas muchedumbres seguían a Nuestro Señor “movidas tal vez por pensamientos demasiado humanos, presagiando quizá la gloria temporal del reino mesiánico”. 2

Ése fue el motivo que llevó a Jesús a dirigirse a ellos —y también a nosotros— a fin de enseñar el verdadero significado del Reino de los Cielos y las condiciones para alcanzarlo.

Jesús debe ser amado con amor perfectísimo

‘Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos yhermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo’.”

El sentido del verbo griego μισεω en este pasaje es interpretado por algunas versiones de la Escritura como “posponer”, “desapegarse”, o en el presente caso, “no amar más que”; sin embargo, la Vulgata prefiere traducir el vocablo μισεω por odit (odiar, aborrecer). De ahí la formulación clásica de este versículo: “Si alguno viene a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo”. 3

¿Cómo explicar a la luz de los Mandamientos esta exigencia de odiar a los parientes más próximos y hasta la propia vida? Si sacáramos todas las consecuencias a que puede inducir un examen superficial de este versículo, ¿no llegaríamos al parricidio, al fratricidio o incluso al suicidio? ¿No será, pues, incorrecta, por hiperbólica, la traducción de San Jerónimo?

No lo parece. Al contrario, en este contexto el uso del verbo odiar acentúa con énfasis didáctico el más profundo sentido de las palabras del Maestro: la necesidad de amar a Dios por encima de todo, y por consiguiente, de desprenderse radicalmente hasta de lo más querido si constituye un obstáculo para seguir al Señor. Jesús es digno de ser amado con un amor perfectísimo; jamás llegará a ser verdadero discípulo suyo quien no esté dispuesto a llevar el desprendimiento en su Nombre hasta el último extremo: “Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37).

Santo Tomás explica en la Suma Teológica que a la virtud de la piedad cabe “mostrarse servicial y respetuosa con los padres del debido modo. Por supuesto que el debido modo no consiste en que el hombre ponga más empeño en honrar a su padre que en honrar a Dios […]. Por tanto, si el cuidado de los padres nos aparta del culto de Dios, ya no sería acto de piedad el insistir en el cuidado de los padres contrariando a Dios”. 4

En igual sentido debe interpretarse la llamada a abandonar incluso “la propia vida”, como lo apuntan Balz y Scheider: “La exigencia de Jesús de que hay que aborrecer a los parientes y de que hay que aborrecerse a sí mismo a causa de Él (Lc 14, 26), o de que no hay que amar a los parientes más que a Él (Mt 10, 37), vienen a decir en realidad lo mismo: ante la decisión de seguir a Jesús hay que dejarlo todo a un lado”. 5

“Tendrá como enemigos a los de su propia casa”

Pero, ¿cómo pueden el padre y la madre, el hermano y la hermana representar obstáculos a nuestra salvación?

Para contestar mejor esta pregunta es útil recordar otro pasaje del Evangelio, relacionado con el de hoy: “No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa” (Mt 10, 34-36).

Romano Guardini comenta estos versículos de San Mateo, en cierto sentido más incisivos aún que los de San Lucas: “El mensaje de Jesús es mensaje de salvación. Anuncia el amor del Padre y el advenimiento del Reino. Llama a los hombres a la paz y a la concordia en la santa voluntad. Con todo, su palabra no empieza por producir unión, sino división. Mientras más profundamente cristiano se vuelva un hombre, más se distinguirá su vida de los otros que no quieran hacerse cristianos, o en la medida en que se nieguen a serlo. […] Es por esto que puede producirse una escisión entre el padre y el hijo, el amigo y el amigo, o entre los habitantes de una misma casa”. 6

Verdadero sentido del verbo odiar

En seguida añade Guardini, con mucha agudeza, que la exigencia de odiar a los parientes cuando nos apartan de Dios “es antinatural, y provoca la tentación de conservar los parientes naturales y abandonar a Jesús”. 7

Que la Vulgata, Santo Tomás, San Gregorio Magno y muchos otros comentaristas recurran a un verbo tan radical como odiar se explica por su propósito de dejar muy clara la necesidad que tiene todo hombre de ejercer violencia contra sí mismo a fin de ser verdadero discípulo de Cristo: “San Gregorio, al exponer esas palabras del Señor, dice que ‘debemos odiar a nuestros padres y huir de ellos, no reconociendo como tales a quienes tenemos que soportar como adversarios en los caminos de Dios.’ Porque si nuestros padres nos incitan a pecar y nos apartan del culto divino, debemos, en cuanto a esto, abandonarlos y sentir aversión hacia ellos”. 8

Celia Martin, Santa Teresita,  Luis Martin

Cuán invaluables, y en cierto modo insuperables, son el estímulo de la familia para la santificación. Beatos Celia y Luis Martin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús (en el centro, a los cuatro años de edad)

Por tanto, el amor a los hermanos y las hermanas, los hijos y las hijas, el padre o la madre, es natural, legítimo e incluso un deber; pero debemos repudiarlo con total energía si nos impidiera seguir a Cristo. Una vez más es Santo Tomás quien lo pone en claro: “No se nos manda odiar a nuestros parientes por ser parientes, sino sólo porque nos estorban amar a Dios. Bajo este especto no son parientes, sino enemigos, según la Escritura: ‘Los enemigos del hombre son sus domésticos’ (Mi 7, 6)”. 9

Más adelante agrega: “Por mandamiento de Dios debemos honrar a los padres en cuanto están unidos a nosotros por la naturaleza y por la afinidad, como aparece en Éxodo 20, 12. Deben ser odiados si constituyen para nosotros impedimento para allegarnos a la perfección de la justicia divina”. 10

Con eso queda puesto el asunto en su verdadero equilibrio. La Santa Iglesia puede enseñar con toda autoridad esta doctrina, puesto que ella evangelizó a los pueblos paganos y consolidó en el mundo los principios que son cimiento de la familia monogámica e indisoluble, con su predicación y con la administración del sacramento del Matrimonio, instituido por Cristo nuestro Señor. Así estableció para la mujer y los hijos una digna situación social, terminando con los abusos del mundo antiguo, por ejemplo el “derecho” del padre a matar sus hijos o del marido a repudiar su esposa; pero al mismo tiempo la Iglesia enfatiza que todo —incluida la propia familia— se subordina al servicio y la gloria de Dios.

El padre Duquesne hace otra importante aclaración sobre el verbo odiar: “El término odiar no significa que debemos hacerles o desearles el mal; apunta más bien al ardor, la valentía, la fuerza con que debemos resistirles si acaso se oponen a nuestra salvación, o nos arrastran al mal, o intentan disuadirnos de adoptar el estado al que nos llama Dios, o quieren implicarnos en otro al cual Dios no nos ha llamado; si acaso nos impiden abrazar la verdadera Fe, o se esfuerzan por mantenernos o arrojarnos en el error”. 11

En sentido opuesto podemos considerar numerosos ejemplos de cuán invaluables, y en cierto modo insuperables, son el estímulo y el apoyo de la familia para la santificación de sus miembros: Santa Mónica, cuyas lágrimas y oraciones obtuvieron la conversión del hijo; San Basilio el Viejo y Santa Emelia, padres de San Basilio, San Gregorio de Nisa, Santa Macrina y San Pedro de Sebaste; o los Beatos Luis y Celia Martin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús.

El premio vendrá en la gloria eterna

“El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”.

Estas palabras de Jesús descartan de una vez todas las esperanzas triunfalistas que abrigaba la mayoría de los judíos a propósito del reino mesiánico. En efecto, el Señor en toda su predicación no ofreció nunca la plenitud de la felicidad en esta vida, sino la gloria eterna, cuyo camino pasa por la abnegación y por el sacrificio. Per crucem ad lucem (“por la cruz se llega a la luz”) reza la conocida frase latina.

El Apóstol ilustra esta necesidad de sacrificio y mortificación usando un ejemplo especialmente vivo para sus seguidores en Corinto: “Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado” (1 Co 9, 25-27).

Es interesante recordar una piadosa consideración del padre Duquesne sobre este versículo del Evangelio: “¡Comparemos nuestra cruz con la de Jesucristo y las de los mártires, y sintamos vergüenza de nuestra cobardía!”. 12 Por tanto, no cabe llevarla a disgusto, protestando de su peso o dando muestras de amargura ante los sufrimientos que nos trae. Quien actúa así no carga la cruz, sino que la lleva a rastras; en consecuencia, no puede ser considerado discípulo del Maestro. Seguir a Nuestro Señor no sólo significa ir físicamente tras Él, como muchos de la multitud, sino “imitar sus ejemplos, practicar sus virtudes”, acentúa el mismo padre Duquesne. 13

III – Lucidez y prudencia

Enseñar mediante parábolas es una constante en la pedagogía divina. Aquí, Nuestro Señor va a recurrir a dos para aclarar vivamente a la multitud que el seguimiento no pide únicamente esfuerzo y abnegación, sino también planificación lúcida y ejecución cuidadosa, es decir, “prudente cálculo del esfuerzo que exige el seguir a Jesús”. 14

Como no podía ser de otra manera, las dos imágenes fueron elegidas con divina sabiduría para ilustrar a la perfección la enseñanza de los versículos anteriores. Al respecto, comenta Maldonado: “Propuso Cristo las parábolas de la torre y de la guerra, más bien que de otras cosas, por ser dos empresas bien difíciles y costosas levantar torres y emprender guerras, que requieren una preparación muy grande y diligente”. 15

Los cálculos para construir una torre o entablar una guerra

¿Quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’”.

Como bien observa Maldonado, “calcular los gastos” significa aquí prepararse con cuidado, inclusive detenerse a oír prudentes consejos. Todo hombre debe hacer esto en las encrucijadas importantes de la vida: medir las dificultades antes de lanzarse por uno u otro camino, siempre de acuerdo a la razón y no guiado solamente por impulsos o sentimientos. Más importante todavía: debe decidir y actuar mirando sobre todo la vida eterna, y no sólo los intereses terrenos, fugaces por definición.

¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?”.

Las guerras entre pequeños estados eran comunes en la Antigüedad. Así pues, esta parábola de Cristo alude a una realidad bien conocida para todos sus oyentes.

Sucede que el hombre llega muy desfavorecido a la batalla para alcanzar el Reino de los Cielos. Dada la naturaleza decaída por culpa del pecado original, cada cual lleva terribles enemigos en su propio interior: “el azote de la carne, la ley del pecado que impera en nuestros miembros y varias pasiones”. 16 A esto se suman “los Principados, las Potestades, los Dominadores de este mundo tenebroso, los Espíritus del Mal que están en las regiones aéreas” (Ef 6, 12).

Para realzar esta desproporción de fuerzas, San Agustín interpreta el sentido de la parábola del siguiente modo: “Los diez mil que han de pelear con el rey que tiene veinte mil representan la sencillez del cristiano, que ha de pelear contra la doblez del diablo”, es decir, con sus fraudes y falacias. 17

Tratado de paz con el Supremo Soberano

Nuestro Señor cargando la Cruz, junto a la Virgen y Santo Domingo de Guzmán

Seguir a Nuestro Señor signifca imitar sus ejemplos, practicar sus virtudes. "Nuestro Señor cargango al Cruz, junto a la virgen y Santo Domingo de Guzmán", por Fra Angélico - Museo de San Marcos, Florencia

Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz”.

Por su parte, San Gregorio Magno da a esta parábola una interpretación de carácter escatológico, según la cual el rey que se aproxima sería Aquel que vendrá al final de los tiempos para juzgar a vivos y muertos.

De esta forma, puestos ante la llegada del Supremo Soberano, en comparación al cual nada somos ni podemos, no queda más que enviar mensajeros a pactar la paz. Estos son nuestros Ángeles de la Guarda, nuestros intercesores celestiales y sobre todo la Virgen Santísima. Pues, como pregunta el padre Duquesne, “¿quién somos nosotros como para presentarnos ante Dios y atrevernos a negociar la paz con Él? ¿Qué tenemos para ofrecerle?”. 19

En cuanto a las condiciones de dicha paz, ya fueron enunciadas en los primeros versículos de este Evangelio: renunciar a todo y abrazar la Cruz para seguir al Divino Redentor.

El único cálculo permitido al verdadero discípulo

“De la misma manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

En las dos parábolas Nuestro Señor pone en evidencia la necesidad de tener los cálculos bien hechos antes de partir con un proyecto, asumir una responsabilidad o trabar una batalla terrenal.

Ahora bien, para San Agustín este versículo declara el sentido de ambas parábolas, puesto que “el dinero para edificar la torre y la fuerza de diez mil contra el rey que viene con veinte mil, no significan otra cosa sino que cada uno renuncie a todo lo que posee”. 20

Agrega el obispo de Hipona: “Lo dicho antes concuerda con lo que ahora se dice, porque en renunciar cada uno a todo lo que posee se incluye también el aborrecer a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida. Todas estas cosas son propias de cada uno y son obstáculo e impedimento para obtener, no lo temporal y transitorio, sino lo que es común a todos y habrá de subsistir siempre”. 21

En suma, no hay más que un solo camino para convertirnos en auténticos discípulos de Jesús: renunciar del todo a los afectos desordenados y al apego a los bienes terrenos, evitando que actúen como amarras de nuestra vida espiritual o como pesados lastres de nuestra alma. Si no nos despojamos plena y completamente de cuanto nos separa de Cristo, jamás llegaremos al Reino de los Cielos.

Cabe notar también, como lo hace el Cardenal Gomá, que deben ser discípulos de Jesús no sólo los clérigos y religiosos, sino todos los bautizados: “Con los anteriores ejemplos de la torre y el rey, no quiere significar el Señor que es libre a cada uno de nosotros hacerse su discípulo o no, como era libre el de la torre de poner o no poner los cimientos: sino que intenta enseñarnos la imposibilidad de agradar a Dios en medio de las cosas que distraen el alma y en las que peligra de sucumbir por la astucia del diablo”. 22

Y San Beda hace una distinción entre el deber de las almas llamadas al estado de vida consagrada y la obligación de todos los fieles: “Hay gran diferencia entre ‘renunciar a todo’ y ‘dejarlo todo’: esto último es propio de los pocos perfectos, y equivale a dejar los cuidados del mundo. Pero renunciar a todo deben hacerlo todos los fieles, en el sentido de que, si se poseen las cosas del mundo, no sea uno poseído por el mundo”. 23

IV – Los apegos desordenados nos roban la paz de alma

El Evangelio de hoy hace patente que el desapego radical y completo es la piedra angular de nuestra vida interior, tanto como si formamos una familia, si hacemos parte del clero o estamos consagrados a Dios dentro de algún instituto religioso.

En tal sentido, puede decirse que la liturgia del 23er Domingo de Tiempo Ordinario es una llamada al desprendimiento: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Esto no significa que debemos ser flagelados, coronados de espinas o clavados a una cruz como lo fue Nuestro Señor Jesucristo; la cruz que Él nos pide consiste principalmente en vivir desprendidos de todo lo terreno, como el águila, que vuela sin amarras para contemplar mejor al sol en las alturas.

Como podemos comprobar continuamente en la vida, el apego desordenado genera angustias, inseguridades y temores que le roban la paz a nuestra alma. Por consiguiente, incluso el que no fue llamado a la vida religiosa, debe hacerlo todo con el corazón puesto en las cosas divinas, inclusive cuando atienda sus negocios y la administración de sus bienes. Ese desprendimiento es condición para seguir de cerca de Nuestro Señor Jesucristo. Actuando así, el alma experimentará la verdadera felicidad, anticipo de la alegría que gozará en el Cielo.

_________________________________________

1. Constituciones, artículo 26.

2. GOMÁ Y TOMÁS, Isidro – El Evangelio explicado. Barcelona: Casulleras, 1930, vol. 3, p. 282.

3. Las dos traducciones son correctas porque el verbo griego μισεω, como su equivalente hebreo śānā’, abarca toda la gama de significados desde amar menos / detestar hasta odiar (Cf. BALZ, Horst y SCHEIDER, Gerhard [Eds.], Diccionario exegético del Nuevo Testamento. 2ª Ed. Salamanca: Sígueme, 2002, p. 295).

4. STO. TOMÁS DE AQUINO – Suma Teológica, II-II, q. 101, a. 4, resp.

5. BALZ y SCHEIDER, op. cit., p. 296.

6. GUARDINI, Romano – El Señor. Rio de Janeiro: Agir, s/f., p. 293.

7. Ídem, ibídem.

8. STO. TOMÁS DE AQUINO, op. cit., II-II, q. 101, a. 4 ad. 1.

9. Ídem, II-II, q. 26, a. 7, ad. 1.

10. Ídem, II-II, q. 34, a. 3, ad. 1.

11. DUQUESNE – L’Évangile médité. Lyon-Paris: Perisse Frères, 1849, vol. 3, p. 104.

12. Ídem, p. 106.

13. Ídem, ibídem.

14. GOMÁ Y TOMÁS, op. cit., p. 283.

15. MALDONADO, SJ, Juan de – Comentarios a los Cuatro Evangelios. Evangelios de San Marcos y San Lucas. Madrid: BAC, 1951, vol. 2, p. 642.

16. SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, apud STO. TOMÁS DE AQUINO – Catena aurea.

17. SAN AGUSTÍN, apud STO. TOMÁS DE AQUINO – Catena aurea.

18. SAN GREGORIO MAGNO, apud STO. TOMÁS DE AQUINO – Catena aurea.

19. DUQUESNE, op. cit., p. 119.

20. SAN AGUSTÍN, apud STO. TOMÁS DE AQUINO – Catena aurea.

21. Ídem.

22. GOMÁ Y TOMÁS, op. cit., p. 285.

23. SAN BEDA, apud STO. TOMÁS DE AQUINO – Catena Aurea.

I – Amarras y lastres en
la vida espiritual
En junio de 1783 los hermanos Joseph-Michel
y Jacques-Étienne Montgolfier, hijos de un
fabricante de papel de Lyon, lograron hacer volar,
ante la sorprendida mirada de sus compatriotas,
un gran globo de lino de 32 metros de
circunferencia. Lleno de aire caliente obtenido
por la combustión de paja seca, el aparatoso invento
se elevó del suelo varios cientos de metros
y recorrió en diez minutos una distancia de
dos a tres kilómetros. Tres meses más tarde los
hermanos repetían con éxito su experimento en
el Parque de Versalles frente a Luis XVI, María
Antonieta y toda la corte de Francia.
La técnica de fabricación de aeróstatos se
ha perfeccionado mucho desde entonces, pero
el principio de su funcionamiento —basado en
una de las más elementales leyes de la Física—
se mantiene inalterable: el aire caliente, más ligero,
tiende a subir. Mientras el globo va llenándose
de aire, se mantiene sujeto al suelo con
amarras; en un momento dado éstas se sueltan
y el ingenio emprende su ascenso, siendo entonces
necesario la liberación gradual de los lastres
para así alcanzar una mayor altitud.
He aquí una hermosa imagen de la elevación
de las almas hasta Dios. “Calentadas” por la
práctica de las virtudes, especialmente la caridad,I – Amarras y lastres en la vida espiritual En junio de 1783 los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, hijos de un fabricante de papel de Lyon, lograron hacer volar, ante la sorprendida mirada de sus compatriotas, un gran globo de lino de 32 metros de circunferencia. Lleno de aire caliente obtenido por la combustión de paja seca, el aparatoso invento se elevó del suelo varios cientos de metros y recorrió en diez minutos una distancia de dos a tres kilómetros. Tres meses más tarde los hermanos repetían con éxito su experimento en el Parque de Versalles frente a Luis XVI, María Antonieta y toda la corte de Francia. La técnica de fabricación de aeróstatos se ha perfeccionado mucho desde entonces, pero el principio de su funcionamiento —basado en una de las más elementales leyes de la Física— se mantiene inalterable: el aire caliente, más ligero, tiende a subir. Mientras el globo va llenándose de aire, se mantiene sujeto al suelo con amarras; en un momento dado éstas se sueltan y el ingenio emprende su ascenso, siendo entonces necesario la liberación gradual de los lastres para así alcanzar una mayor altitud. He aquí una hermosa imagen de la elevación de las almas hasta Dios. “Calentadas” por la práctica de las virtudes, especialmente la caridad,

Qumrán, ¿confirmación o desmentido?

Domingo, 28 de noviembre de 2010

Considerado el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, la colección de los manuscritos del Mar Muerto, viene a ser de gran auxilio a la exégesis cristiana, esclareciendo puntos relativos a las Sagradas Escrituras y confirmando la veracidad de los textos bíblicos que circulan hoy.

José Messias Lins Brandão
Revista Heraldos del Evangelio nº 86 – Septiembre 210

A principios del año 1947 un joven pastor beduino, llamado Muhammed edh-Dhib, buscaba afanosamente una oveja extraviada a lo largo del acantilado que bordea el Mar Muerto, a unos 10 km de la bíblica ciudad de Jericó. Escudriñando entre los huecos de la roca, entró en una cueva donde descubrió unas jarras de arcilla que contenían rollos de piel manuscritos, envueltos en tejido de lino. Los estuvo revisando y se llevó los siete que le parecían que estaban en mejor estado.

Algunos meses después los beduinos vendieron tres de esos rollos a un arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén y los otros restantes al convento sirio jacobita San Marcos, también de la Ciudad Santa.

No tardó mucho para que los estudiosos percibieran que Muhammed edh-Dhib había hecho el más sonoro descubrimiento arqueológico del siglo XX: los famosos Manuscritos del Mar Muerto.

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Monseñor Jõao Clá recibe el título de Doctor en Teología

Jueves, 11 de noviembre de 2010

Monseñor João Clá recibe el título de Doctor en TeologíaLa iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en el seminario de los Heraldos, en la Gran São paulo, Brasil, fue transformada en un Aula Magna de la Universidad Pontificia Bolivariana, el 3 de noviembre pasado, para el acto de la solemne entrega del título de Doctor en Teología a Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

La sesión fue presidida por el Rector magnífico, Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez, y también formó parte de la Mesa el P. Diego Marulanda Díaz, Decano de la Escuela de Teología, filosofía y Humanidades de la misma Universidad. De las brillantes palabras del rector destacamos el siguiente fragmento:

“Somos todos testigos de cómo monseñor ha hecho todo un recorrido durante su existencia en busca de la verdad, dándole espacio a la acción del Espíritu en su vida, dándole espacio en su corazón al amor de Dios. Ese dar espacio al Espíritu y al amor, y al amor de Dios, ha hecho que él tenga esta capacidad de convocatoria para dejar que el Espíritu actúe, para dejar que el amor de dios actúe y pueda ir suscitando en el mundo una comunidad como esta, los Heraldos del Evangelio. El Señor se aprovecha, por así decirlo, de nosotros y, en este caso, se está aprovechando como instrumento valiosísimo de la persona, del ser. de la vida de Mons. Clá.

“Su título de teólogo —concluía Mons. Rodríguez— no es más que una ratificación de lo que ha sido su vida. [...] Una tesis hecha con amor, una tesis hecha con Fe, una tesis hecha con esperanza, una tesis hecha con calidad”.

Vea también: Una obra de arte teológica y una reseña del contenido de la tesis en El don de sabiduría en vivo

Peregrinación a Santiago Xacobeo 2010

Miércoles, 10 de noviembre de 2010

Con motivo de ser año santo compostelano el pasado 9 de octubre nos encaminamos como peregrinos a Santiago, iniciando nuestra andadura con el cántico de Éxodo y Liberación: “Peregrino ¿adónde vas? si no sabes adonde ir, peregrino por un camino que va a morir. SÓLO EL, MI DIOS QUE ME DIO LA LIBERTAD SÓLO EL, MI DIOS ME GUIARÁ.

La ruta elegida fue la de Finisterre-Muxia, que es el único camino que comienza con el abrazo al apóstol en lugar de ser el final del trayecto.

 

Nosotros quisimos ganar el jubileo poniendo como principal intención que el santo nos contagiara el arrojo y decisión que tenía como persona apasionada que era, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias, y así contagiados de su espíritu seguir recorriendo algunos de los lugares relacionados con Él.

 

Hicimos nuestra primera parada en la Iglesia Benedictina de Cebreiro sita en la provincia de Lugo. Su gran tesoro es ser la iglesia del milagro Eucarístico que lleva su nombre. Pudimos contemplar la urna donde se encuentran las dos piezas románicas del siglo XII, el Cáliz y la Patena. También se encuentra la talla románica de Nuestra Señora del Santo Milagro, La Virgen de Cebreiro, patrona de estas montañas con su cabeza inclinada según dice la tradición ante el milagro que presenció.

O Cebreiro es una aldea situada a 1.293 metros de altitud. Su gran tesoro es la Iglesia del milagro eucarístico, de factura prerrománica, del siglo IX, con tres sencillas naves de ábsides rectangulares y una torre. Preside en el presbiterio la imagen gótica de Cristo.

En un día de invierno del año 1300 en el que nevaba abundantemente, un vecino de la localidad de Barxamaior, llamado Juan Santín, labriego, se dirigió hacía el monasterio para oír Misa, sin importarle el tiempo tan adverso que hacía y el difícil camino de subida. Por fin llega al templo, cansado y empapado, sin apenas aliento. Un sacerdote benedictino que no esperaba que en un día tan desapacible y con tanta nieve y viento fuera alguien a Misa, menosprecia el sacrificio del campesino y le dice que una Misa no merece tanto esfuerzo. La falta de fe, caridad y tacto del monje no obtiene respuesta alguna por parte del labriego. Comienza la Santa Misa. Cuando llega el momento de la Consagración, el sacerdote percibe cómo la Hostia se convierte en carne sensible a la vista y el cáliz con el vino en sangre, que hierve y tiñe los corporales. El sacerdote, sorprendido, cae en la cuenta de su falta de fe y exclama al estilo de Santo Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”

En este bello entorno hicimos la adoración al Santisimo y nos marchamos a Sanxenxo que significa San Ginés, santo patrón de la villa en la provincia de Pontevedra.

 

Amaneció enfrente de una de las playas de los 36 kilómetros que tiene la costa de Sanjenjo y nos encaminamos a Santiago para ganar el jubileo. Hermosa vista la que se aprecia desde lo alto del monte de gozo lugar desde donde se veía la Basílica de Santiago, Nuestro estandarte encamina a los peregrinos, pues hay multitud de gentes llegadas desde todos los puntos del planeta a dar el abrazo al santiño, que alegría nos da hacer esa numerosa cola! ¡Que diferente es hacer una cola en la vida para asuntos mundanos y una cola para dar el abrazo a Nuestro Querido Santiago! ¡No nos importan las horas, tenemos ganas de pedirle tantas cosas y por tanta gente! La alegría de Gabriela simboliza la de todos y cada uno de nosotros al abrazar al santo.

Por la tarde hicimos una parada en Padrón, pueblo salpicado de magnolias a orillas del río Ulla y Sar. La historia de Padrón va ligada a Iria Flavia, donde llegó la barca que traía el cuerpo del Apóstol, martirizado en Jerusalén, y que fue amarrada a una piedra o “pedrón”, y que dio el nombre a la nueva población. Visitamos la Iglesia parroquial de Santiago donde se halla este famoso “pedrón”. También bebimos agua de la fuente del Carmen; está situada a los pies del convento del Carmen, y cuenta la tradición que la reina Lupa mandó a Teodoro y Atanasio, discípulos del apóstol que trajeron su cuerpo desde Jerusalén, que fuesen en busca de bueyes para transportar su cuerpo, sabiendo ella que en el monte no había bueyes sino toros bravos y la reina esperaba que los toros acabasen con la vida de los dos discípulos. Pero no solo no murieron, sino que bajaron del monte con dos mansos bueyes. A la vista de ese milagro    la reina Lupa pidió el bautismo y este hecho está representado en la fuente. Tiene una imagen de la Virgen de los dolores y el agua tiene propiedades medicinales por lo que aprovechamos también para beber, de dicha fuente.

 

¡Qué bendecido el día que visitamos el Santuario de Nuestra Señora de la Barca en Muxía!, famoso por sus legendarias piedras y vinculado íntimamente a la tradición apostólica. Cuenta la leyenda que encontrándose Santiago en los acantilados, desanimado por la escasa acogida de sus predicaciones entre los lugareños, se le apareció La Virgen María en carne mortal, para anunciarle que debía volver a Jerusalén porque su obra estaba ya concluida. De aquel viaje en barca pétrea nos queda la vela (piedra dos cadris y la nave)

En dicho santuario fuimos recibidos por su párroco, el cual muy amablemente accedió a nuestra petición para celebrar la santa misa y además algunos de nuestros peregrinos que no pudieron confesar en Santiago lo hicieron aquí. Como todo santuario dedicado a Nuestra Señora, es lugar donde el peregrino se encuentra con su madre y es como el descanso del guerrero, repone fuerzas y continua su camino.

Concluye nuestro viaje con la llegada al cabo finisterre, el final de la tierra donde confluyen y se encuentran los dos mares Atlántico y Cantábrico, donde se encuentran alma y espíritu, donde el peregrino llega al final de su trayecto en la vida y contempla la majestuosidad y grandiosidad de la obra del creador, llegamos al gran faro que ha guiado e iluminado el camino de tantos peregrinos por tierra ó por mar. Las corrientes de las aguas simbolizaban las corrientes de nuestra vida bajo la atenta mirada del Señor del Faro.


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