Archivo de 15 diciembre 2010

Una obra de arte teológica

Miércoles, 15 de diciembre de 2010

P. Rodrigo Alonso Solera Lacayo, EP

 

 

D. Rodrigo Alonso Solera Lacayo, EP

Tres destacadas figuras del mundo académico han sido unánimes en conceder la nota “summa cum laude” a la tesis de doctorado de Mons. João, cuyo tema ha sido: “El don de sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira”.

El pasado 22 de octubre Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, defendía su tesis de doctorado canónico en Teología sobre El don de sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira, ante el tribunal examinador de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Discurrió acerca de ese don del Espíritu Santo manteniéndose rigurosamente fiel a la enseñanza teológica, pero presentándolo como vivido por un personaje que se destacó en la Historia de la Iglesia Católica en el siglo XX.

El tribunal examinador, formado por destacadas figuras del mundo académico latinoamericano, 1 concedió a la tesis de Mons. João S. Clá la máxima nota: summa cum laude.

Objetividad en el procedimiento llevado a cabo

En el documento en el que evalúa y justifica su nota, fray Marcelo Santos Neves, OP, se expresó con el rigor y la claridad propia del carisma dominico, que se centra en la búsqueda de la verdad: “Nuestro juicio no abarca el ámbito subjetivo, sino que permanece en el plano objetivo. Siendo así, constatamos dos cosas en particular: primero que, a pesar de la amistad y de la devoción del ‘autor’ por Plinio Corrêa de Oliveira (elemento y razón subjetivo del ‘autor’), su pensamiento y raciocinio no se vieron perjudicados en nada, dado que ha presentado documentos que reforzaban sus intuiciones.

Dicho de otra manera, no se trata de un testimonio personal, sino de un testimonio documentado.

En segundo lugar, dones y carismas son aplicados a la persona y obra de Plinio Corrêa de Oliveira siempre de forma rigurosa y coherente.

“En suma, el ‘autor’, sistemáticamente, ofrece a su lector las razones de su intuición: presenta la doctrina (1.ª premisa), ‘la mente, vida y obra’ de Plinio Corrêa de Oliveira, confrontándolas con la doctrina (2.ª premisa), para, al final, concluir positivamente: en Plinio Corrêa de Oliveira estaban presentes el don de la sabiduría, así como los carismas de profecía y discernimiento de los espíritus (3.ª premisa o conclusión). Esta objetividad en el procedimiento llevado a cabo merece ser mencionada y alabada.

Se trata, en nuestro modo de entender, de una teología de la ‘mente, vida y obra’ de Plinio Corrêa de Oliveira”.

Equilibrio en la manera de exponer

El numeroso público que llenó el auditorio Pío XII, de la UPB, en Medellín, asiste con interés ala defensa de tesis realizada por videoconferencia

Más adelante, fray Marcelo Neves resalta otra faceta de esa imparcialidad de juicio de Mons. João S. Clá: “El ‘autor’ no sólo no pierde de vista sus objetivos, sino que, además, mantiene ese equilibrio en el exponer y escribir que preserva a todos los que de alguna forma no comulgan con el pensamiento de Plinio Corrêa de Oliveira. En suma, no se trata de un escrito contra alguien o cosa (a excepción del vicio y del pecado al que se oponía y opone siempre una ‘contra-revolución’), sino a favor de alguien considerado virtuoso.

El tacto y la delicadeza que emanan del texto son insignes. No hay ningún aspecto controvertido. Creemos un deber aplicarle al ‘autor’ en vista de su procedimiento lo que dice al inicio de su texto a respecto del don de la sabiduría; o sea, ‘juzgará y procurará ordenar todo a la luz de las perfecciones divinas’: y Dios no ofende. Lo que el ‘autor’ ha hecho es seguir, él mismo, ese impulso; dicho de otra manera, somete y hace pasar por la criba de las perfecciones divinas la ‘mente, vida y obra’ de alguien a quien estima y que marcó toda su vida. Hace el papel de teólogo y no de simple cronista. Su tesis, también bajo este aspecto es y puede denominarse teológica. Preciosa”.

Teología narrativa y teología argumentativa

Por su parte, el P. Carlos Arboleda Mora destacó principalmente la importancia de la teología narrativa en la tesis presentada: “Este trabajo se sitúa en lo que hoy podríamos llamar teología narrativa, en cuanto presenta la vida de una persona como testigo de una experiencia, unida a una teología argumentativa, en cuanto esa experiencia está expresada teóricamente en grandes teólogos de la Iglesia. Generalmente la teología narrativa critica al modelo neoescolástico su carácter demasiado argumentativo, pues deduciría de las tesis dogmáticas ciertas conclusiones ya implícitas, olvidando algunos críticos que los misterios de la vida de Cristo ocupaban en Santo Tomás un lugar importante.

“Como dice el teólogo Carlo Rocchetta, teología narrativa y teología argumentativa no son opuestas, pues el narrar puede ir de la mano de la argumentación. ‘Si la teología narra, es para llevar a reflexionar teológicamente sobre los contenidos de su narración, desarrollando sus implicaciones y organizándolos en una visión unitaria y lo más articulada posible. El defecto de la teología argumentativa no estaba en el hecho de argumentar, sino en que partía o se reducía sólo a argumentar, acabando por olvidar el hecho de que la Fe se estructura ante todo como una revelación que se ha hecho historia, en la que el acontecimiento y la palabra son constitutivos de una narración que hay que atestiguar en cuanto tal, evitando reducirla solamente a un sistema de verdades abstractas o de aserciones que demostrar’.

“Este trabajo sitúa la narración de la vida del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira acompañada de la correspondiente argumentación basada en muy buenos teólogos. Trata de mostrarse que la historia de la salvación no se da separada de la historia humana, que la experiencia de Fe no se da fuera de una existencia que la interpreta y la actúa, porque ‘los creyentes admiten pues que Dios ha traído la liberación en y a través de los seres humanos, los hombres son relatos de Dios’”.2

Importancia del ejemplo vivo

Afirma aún el P. Arboleda que en la tesis de Mons. João S. Clá “el enfoque biográfico va llegando a ser un instrumento de investigación cualitativo porque se fundamenta en la subjetividad como unicidad y especificidad.

La iglesia de Nuestra Señora del Rosario fue transformada en un Aula Magna de la Universidad Pontificia Bolivariana para la entrega solemne del título enTeología a Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

El método biográfico llega a ser experiencia heurística y hermenéutica, pues permite entender y permite interpretar en otro contexto histórico la misma experiencia. Acá puede ser entonces también un método de formación como lo pretende el autor de la tesis. La biografía nos cuenta una experiencia propia que un lector puede reproducir en su propia vida y de acuerdo a su propia biografía. La biografía de Cristo es la biografía modelo que cada cristiano, en su hora y lugar, reproduce según su naturaleza y vocación. La biografía central es la de Cristo cuya experiencia han de tener todos los creyentes y cuya narración ha de ser la vida del cristiano. Allí se ve claro el esquema ‘experiencia y testimonio’, clave del cristianismo como nos lo recuerda el Documento de Aparecida. Así la biografía es mistagógica, pues ofrece caminos concretos de seguimiento ya que la Fe no es sólo noética, sino experiencia de Fe en la vida concreta y única de cada persona, pero que puede guiar el transcurso de otro ser humano como, paradójicamente y en otra perspectiva de filosofía de la religión posmoderna, nos lo presenta también Richard Rorty, cuando nos dice que la biografía a través de la literatura nos hace compartir experiencias, no abstractas sino concretas como el dolor, la traición… que generan una empatía que geste solidaridad y comprensión. Hay alguien como yo que tuvo esa experiencia, y esa narración es válida y sirve para mi vida.

En esta tesis, se muestra, en cambio, la posibilidad de una experiencia trascendente, vivida en una historia, y válida para otras historias.

“Es, además, una obra que permite una doble lectura. Sin las citas es una obra para lectores aún no peritos en los vericuetos de la filosofía. Con las citas es una obra para autores que quieran profundizar en este tema, cumpliendo así el objetivo de reflexionar teológicamente pero también formar para la vida de experiencia y testimonio”.

Horizonte teológico desde el que se debe considerar la obra del Dr. Plinio

En sus consideraciones, otro miembro del tribunal examinador, el P. Alberto Ramírez Zuluaga, quiso evidenciar de modo particular la originalidad del trabajo teológico de Mons. João S. Clá, que presentó aspectos inéditos de la obra de Plinio Corrêa de Oliveira.

En su parecer así afirmaba: “El haber tenido la oportunidad de haber conocido el proceso de la elaboración de la tesis en su última etapa ha sido, para nosotros, una verdadera gracia del Señor que me ha permitido descubrir la trascendencia teológica que tiene el objeto de esta investigación. Mons. João S. Clá ha sabido establecer magistralmente el horizonte teológico desde el cual hay que considerar la obra del Dr. Plinio: la doctrina teológica y espiritual de los dones del Espíritu Santo y, en general, la pneumatología con todo lo que ella implica para la fundamentación del don de la sabiduría. Pero monseñor no ha realizado su trabajo simplemente como investigador de una rica literatura, como lo es ciertamente la que nos ha dejado el Dr. Plinio, sino también y sobre todo como testigo fidedigno de la vida de este gran hombre de quien yo me atrevería a decir, por la impresión que ha dejado en mí el testimonio de monseñor, que ha sido uno de los hombres más grandes de la historia de la Iglesia en los últimos tiempos, por lo que el Espíritu de Dios hizo posible a través de su persona, de su vida y de su obra.

"Esta admirable conclusión es una formidable tesis teológica, una afirmación fundamentada en el testimonio de la vida de un gran hombre."

“Es una bellísima tesis teológica la que ha realizado Mons. João S. Clá, que se puede resumir en pocas palabras: demostrar, por la consideración de la persona del Dr. Plinio, la relación indisoluble que existe entre la inocencia y la sabiduría. También, naturalmente, señalar la significación de los pasos que hay que dar en la vida para que se haga posible esta relación en la vida de un hombre: el camino del dolor y de la entrega. Monseñor nos ha mostrado efectivamente que la sabiduría, como característica que define la existencia del Dr. Plinio, sólo es posible explicarla en relación con la inocencia que lo acompañó toda su vida. Solamente puede llegar a ser plenamente sabio, quien es plenamente inocente. La explicación teológica que monseñor utiliza para definir al Dr. Plinio podría ser considerada como un bello comentario de una de las sentencias del Manifiesto del Reino de los Cielos, en el sermón de la montaña de Jesús: que quien tiene más capacidad para contemplar a Dios y para mirarlo todo desde Él es el que tiene transparente el corazón (Mt 5.8)”.

“Todo me es lucha” – Todo le fue sabiduría

El P. Alberto Ramírez prosigue, destacando el siguiente comentario del Dr. Plinio a propósito del libro de la Condesa de París, titulado Tout m’est bonheur (Todo me es felicidad): “‘Si hubiera tenido oportunidad de escribir mis memorias, podría titularlas Todo me es lucha. Interna o externamente, todo me es lucha; pero al morir todo me es gloria […]. Si un hombre redactase con base en la verdad el libro Todo me es lucha , si su lucha fue entablada a favor del bien, merecería el epitafio todo le fue gloria ‘. Mons. João S. Clá comenta: ‘Ahora bien, conforme a cada apartado, a cada capítulo es, sobre todo, lo que el conjunto de esta tesis deja patente, todo fue lucha y gloria en Plinio Corrêa de Oliveira.

Por tanto, todo le fue sabiduría’. “Esta admirable conclusión es una formidable tesis teológica, una afirmación fundamentada en el testimonio de la vida de un gran hombre.

Monseñor ha desarrollado paso a paso esta tesis, con una lógica profunda y ha logrado realizar un hermoso tejido de ideas y palabras, de símbolos y sentimientos, en un discurso teológico que es una maravillosa lección sobre la sabiduría y una obra de arte teológico. La sabiduría es el don que le fue concedido como ‘luz primordial’ al Dr. Plinio, no sólo para contemplar a Dios, sino para adquirir la capacidad de mirarlo todo con la mirada de Dios, con sus mismos ojos. Nadie, como monseñor Juan, su hijo, su discípulo, podía explicar con tanto acierto este secreto de la vida y de la obra del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira”.

1 El tribunal examinador estaba compuesto por: el P. Carlos Arboleda Mora, orientador, Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia Bolivariana, Maestro en Historia por la Universidad Nacional de Colombia y en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana, especialista en ecumenismo del CESNUR, de Roma, y profesor de posgrado de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana; Fray Marcelo Neves, OP, teólogo del Studium Teologicum Bolognese , de Bolonia, Doctor en Filosofía por la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), Brasil, Doctor en Derecho por la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), Doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomás ( Angelicum ), de Roma, y profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la misma Universidad; y el P. Alberto Ramírez Zuluaga, Doctor en Teología por la Universidad Católica de Lovaina, profesor de graduación y de posgrado en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana, y en el programa de Estudios Bíblicos de la Universidad de Antioquia, de Medellín. Presidió el acto el P. Diego Marulanda Díaz , Maestro en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y Decano de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana.

2 SCHILLEBEECKX E. Los hombres relato de Dios. Salamanca: Sígueme, 1995, p. 62.

3 ZUPPA, Pío; RAMÍREZ, Sandro. Autobiografia e formazione ecclesiale . Roma: Edizioni Vivere, 2006. L. MEDDI, (Auto)biografia e formazione ecclesiale. Seminario sulla importanza del pensiero narrativo . In: http://www.catechetica.it/.

Nuestra Señora de Guadalupe

Domingo, 12 de diciembre de 2010

Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que significa, “Águila que habla”. Un día, oyó repentinamente una música suave, sonora e melodiosa.

Se piensa generalmente que Juan Diego era un indígena “pobre” y de “baja condición social”.

San Juan Diego

San Juan Diego

No obstante, sabemos hoy, por diversos testimonios, que él era hijo del rey de Textoco, Netzahualpiltzintli, y nieto del famoso rey Netzahualcóyolt. Su madre era la reina Tlacayehuatzin, descendiente de Moctezuma y señora de Atzcapotzalco y Atzacualco. En estos dos lugares Juan Diego poseía tierras y otros bienes en herencia.

Fue a este representante de las etnias indígenas del Nuevo Mundo a quien, ya hace casi quinientos años, la Madre de Dios apareció trayendo un mensaje de bienquerencia, dulzura y suavidad, cuya luz se prolonga hasta nuestros días.

Para comprender la magnitud del bondadoso mensaje de Nuestra Señora, debemos trasladarnos al ambiente psico-religioso de aquel tiempo.

De un lado, las numerosas etnias que habitaban el valle del Anahuac, actual Ciudad de Méjico, habían vivido durante décadas bajo el despotismo de la tribu más poderosa, en la que habitualmente se practicaban sangrientos ritos idolátricos. Anualmente, sacrificaban millares de jóvenes para mantener encendido el “fuego del sol”. La antropofagia, la poligamia y el incesto eran parte de su vida.

Los celosos misioneros, llegados junto con los españoles, veían la necesidad imperiosa de evangelizar ese pueblo, extirpando tan repugnantes costumbres.

Entretanto, los malos hábitos adquiridos, la dificultad del idioma y, sobretodo, un cierto orgullo indígena de no aceptar el “Dios del conquistador” en detrimento de sus divinidades, hacían difícil la tarea de introducir en ese ambiente la Luz del mundo.

Dios Nuestro Señor, en su infinita misericordia, queriendo que todos los hombres “se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4), preparaba una maravillosa solución.

Nuestra Señora se aparece a San Juan Diego

El 9 de diciembre de 1531, Juan Diego estaba en los alrededores del cerro Tepeyac, en la actual ciudad de Méjico. Repentinamente, oyó una música suave, sonora y melodiosa que, poco a poco, se fue extinguiendo. En ese momento escuchó una lindísima voz, que en el idioma nahualt lo llamaba por su nombre. Era Nuestra Señora de Guadalupe.

Después de saludarlo con mucho cariño y afecto, le dirigió estas palabras llenas de bondad: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediatez, el Dueño del cielo, Dueño de la tierra.

Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, mi compasión, mi auxilio y mi salvación. Porque en verdad soy vuestra madre compasiva, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; quiero oír ahí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores”.

La Virgen pidió a Juan Diego que fuese al palacio del Obispo de Méjico, y le comunicase que ella lo enviaba y pedía la construcción del templo.

El “Mensajero de la Virgen” fue a entrevistarse con el Obispo de Fray Luis de Zumárraga, a quien narró lo sucedido, pero éste se mostró incrédulo citándolo para otro día.

Segunda y tercera Aparición

En ese mismo día, al ponerse el sol, Juan Diego, apesadumbrado, va a dar cuenta a la Virgen de su fracasada misión. Y con una encantadora inocencia, le pide a Ella que escoja un embajador mas digno, estimado y respetado. La Madre de Dios le respondió: “Escucha, el más pequeño de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quienes encargue que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad. Pero es muy necesario que tú, personalmente, vayas, y que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al Obispo. Y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido. Y otra vez dile que yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envío”.

Al día siguiente, después de asistir a misa, Juan Diego volvió a buscar al señor Obispo Zumárraga, quien lo recibió con atención pero, más escéptico que antes, le dice que era necesario “una señal” para demostrar que era realmente la Reina del Cielo quien lo enviaba. Con toda naturalidad Juan Diego respondió que sí, y va a pedirle a la Señora la “señal” solicitada.

Al caer el sol, como en las veces anteriores, se le apareció Nuestra Señora radiante de dulzura. Ella aceptó sin el menor reproche concederle la señal pedida, para lo cual lo citó al día siguiente.

Él huye, Ella va a su Encuentro

Sin embargo, al día siguiente, lunes 11, Juan Diego no se presenta a la cita. Su tío, Juan Bernardino, había caído repentinamente enfermo, y él trata por todos los recursos medicinales indígenas curarlo. Todo fue en vano. Cuando el tío ve que la muerte se aproxima, siendo ya cristiano fervoroso, le pide a su sobrino que intente traerle un sacerdote para que lo asista.

Juan Diego, presuroso, sale al amanecer del día 12 en busca del confesor pero decide tomar un camino diferente al habitual, para que la “Señora del Cielo” no le salga al encuentro, pues, pensaba él: “me pedirá cuentas de su encargo y no podré ir en busca del sacerdote”.

Pero su artimaña no funciona.

Para su asombro, la Madre de Dios se le apareció en ese camino. Avergonzado, Juan Diego trató de disculparse con formulas de cortesía propias de la usanza indígena: “Mi jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta.” Y luego de explicarle la enfermedad de su tío, como la causa de su falta de diligencia, concluyó: “Te ruego me perdones, porque con ello no engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa.

A lo cual le respondió la Virgen, con bondad y cariño:

“Escucha, y ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te asusta y aflige. Que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad, ni ninguna otra enfermedad y angustia.

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?, ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? Que ninguna otra cosa te aflija, ni te perturbe. No te apriete con pena la enfermedad de tu tío, por que de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya sanó”.

Señal para el “Mensajero de la Virgen

Así que oyó esas bellísimas palabras, Juan Diego, muy consolado, creyó en la Virgen. Ahora era La Virgen de Guadalupe estampada en la Tilma de Juan Diegopreciso cumplir con la misión. ¿Cuál era la señal? Ella le ordena subir al cerro del Tepeyac y cortar las flores que allí encontrara. Encargo imposible, dado que nunca las había, y menos todavía en ese tiempo de intenso frío y sequedad. Pero Juan Diego no duda. Sube el cerro y en la cumbre encuentra las más bellas y variadas rosas, todas perfumadas y llenas de gotas de rocío como si fuesen perlas. Las cortó y colocó en su tilma (poncho típico de los indios mejicanos). Al llegar abajo, Juan Diego mostró las flores a Nuestra Señora, quien las toca con sus manos celestiales y se las vuelve a poner en la tilma.

“Hijito mío, el más pequeño, esta diversidad de flores son la prueba y señal que llevarás al Obispo. Le dirás de mi parte que vea en ella mi voluntad y él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador en el que absolutamente deposito toda la confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas”.

Juan Diego se dirigió nuevamente al palacio del Obispo Zumárraga y luego de mucho esperar y forcejear con los criados, lo hace pasar a su presencia. El “Mensajero de la Virgen” comenzó a narrar todo lo sucedido con Nuestra Señora y en cierto momento extiende su tilma, descubriendo la señal. Cayeron las más preciosas y perfumadas flores y, al instante, se estampó milagrosamente en el tejido la portentosa Imagen de la Perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, que se venera hasta hoy en el Santuario de Guadalupe.

Profundo sentido eclesial y Misionero

Así fue la gran aparición, cuyo primer resultado fue la conversión a gran escala de los indígenas. “El acontecimiento Guadalupano – señala el episcopado de Méjico – significó el inicio de la evangelización, con una vitalidad que sobrepasó todas las expectativas. El mensaje de Cristo, por medio de su Madre, tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación. Y el Papa completa: “Es así que Guadalupe y Juan Diego tomaron un profundo sentido eclesial y misionero, siendo un modelo de evangelización perfectamente inculturada” (Misa de Canonización, 31/7/2002).

Por eso, determinó Su Santidad que en el día 12 de diciembre sea celebrada, en todo el Continente, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América (Exhortación Apostólica Ecclesia in America).

Nuestra Señora de Guadalupe: Una prueba de amor para los pueblos americanos

Los pueblos prehispánicos de México transmitían y conservaban la memoria de su historia de generación en generación por medio de poemas y cantos que eran transcritos mediante figuras y símbolos hieroglíficos en rudas fibras de cactus, algodón, pieles o cortezas de árboles. Son los llamados “códices”.

Por su parte, los historiadores son unánimes en afirmar que la figura de Nuestra Señora de Guadalupe estampada en la tilma o ayate —poncho típico de los indígenas de México— cuyo dueño era San Juan Diego, está repleto de figuras simbólicas. Característica que lo hace aún más singular, porque venía destinado a pueblos que se comunicaban justamente a través de imágenes y símbolos. En la mente indígena, el estampado de la “Madre de Dios” no era un mero retrato, bello y extraordinario, como lo fue para los misioneros y conquistadores, sino que se trataba de un Mensaje, o de un “códice” venido de los cielos.

Por medio de esta demostración sobrenatural, Nuestra Señora de Guadalupe manifestó para La Virgen de Guadalupe tal y como hoy se venera en su santuarioaquellos pueblos su cariño todo especial, su bondad sin límites y una misericordia y una suavidad que hasta entonces los indígenas nunca habían degustado.

Analicemos, algunos de estos símbolos presentes en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

El cinto y el resplandor

Nuestra Señora de Guadalupe se presenta con un cinto que no se ubica en su cintura, sino más arriba.

Era la señal para los indígenas que Ella estaba encinta. ¿A quien daría a luz? Al Sol Resplandeciente. El gran resplandor que Nuestra Señora tiene atrás de sí o que sale de dentro de Ella es el sol. Para los habitantes de México, ese astro era símbolo de la divinidad. Luego, la señora de la figura no era otra sino que la Madre de Dios.

Fecha de la Aparición

Existe un dato significativo, vinculado al símbolo del sol. Y está relacionado con el llamado solsticio de invierno. En todo el hemisferio sur, este sucede el 22 de junio. Debido a la inclinación del eje terrestre, el sol alcanza su máximo alejamiento de la línea del Ecuador. Es el inicio del invierno, y también el día en que el sol nace más tarde y se pone más temprano. Por esa razón, además, es el día más corto y la noche más larga del año. En el hemisferio norte en el cual se ubica México, ese solsticio de invierno sucede el 22 de diciembre. Desde la más remota antigüedad, los pueblos paganos consideraban esa fecha como la más importante del año, por el simbolismo del sol que, después de apagarse vuelve a crecer. Los pueblos prehispánicos de México, muy conocedores de la astronomía tenían ese día en la más alta consideración religiosa, era el día en que el sol moribundo cobraba vigor, era el retorno a la vida, era el resurgimiento de la luz, la victoria sobre la tinieblas.

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe se dio exactamente en esa ocasión. Aunque en aquel tiempo constase como 12 de diciembre (y que por respeto a la tradición es la fecha que se mantiene hasta hoy), se trataba de un error del calendario Juliano hasta entonces en vigor y que fue corregido posteriormente.

Para reforzar la impresión en ellos causada, en el mismo momento el famoso cometa Halley alcanzaba su zenit en los cielos mexicanos.

Su Manto de Estrellas

De acuerdo con recientes estudios se puede comprobar con admirable exactitud que, en el manto de Nuestra Señora, están representados los astros más brillantes de las principales constelaciones visibles en el valle del Anahuac —actual Ciudad de México— el día de la aparición. Era una prueba más para los indígenas que la Señora venía del cielo.

La Flor de Cuatro Pétalos

Si se presta atención en la túnica de Nuestra Señora, abajo del cinto veremos una pequeña flor de cuatro pétalos. Esa flor es Nahui-Hollín, de gran importancia en la visión indígena del universo. Ella representa la antigua ciudad de Tenochtitlán, la capital Azteca, y en especial la colina del Tepeyac, donde se dio la aparición de Nuestra Señora. Representaba también, la plenitud de la presencia de Dios. Era otra indicación, para aquellos pueblos, de que la Señora con el manto de estrellas llevaba en su purísimo seno al único Dios verdadero.

El resto de flores y figuras impresas en su túnica no están ahí puestas al azar. Corresponden a los diversos aspectos geográficos de México, que los indígenas interpretaban a la perfección.

El Cabello

Nuestra Señora lleva el cabello suelto lo que entre los aztecas era señal de virginidad. Por lo tanto, era la muestra que la Señora es Virgen y Madre.

El Rostro

Por fin, Nuestra Señora quiso presentarse con rasgos mestizos, rostro moreno y ovalado y así, manifestar que Ella desea ser la Madre amorosa de todos los habitantes de América.

Muchísimos otros símbolos pueden observarse en la extraordinaria figura de Nuestra Señora de Guadalupe, y ninguno de ellos está al azar, pues todo en Ella es de una altísima Sabiduría. Por otra parte, existe un sinnúmero de maravillas que la Virgen oculta y que la ciencia con todos sus avances tecnológicos no consigue explicar. Por ejemplo, el maravilloso fenómeno de sus pupilas, en las cuales se distinguen con lupa minúsculas figuras humanas; La durabilidad inexplicable del rudo manto que ni el ácido sulfúrico, caído por accidente, consigue destruir o el modo misterioso en que fue impresa la figura de la Virgen y otros aspectos que hemos abordado en nuestro artículo “No hay explicación científica para la tilma de Guadalupe“. Son las maravillas de la “Siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios” como ella misma se definió cuando habló por la primera vez con San Juan Diego.

(Transcripción con algunas adaptaciones del artículo del mismo nombre en http:/es.arautos.org)

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