Un numeroso grupo de amigos de la Asociación, así como fieles de la parroquia, acompañaron a los Heraldos en la Celebración Eucarística, que fue concelebrada por D. Joaquín Iniesta Calvo-Zataraín, Vicario General de Madrid, D. Pedro Paulo de Figueiredo, E.P. presidente de los Heraldos del Evangelio en España, D. Antonio Astillero Bastante, Deán de la Catedral de la Almudena y Vicario episcopal de Actos Públicos, D. José Francisco Hernández Medina, E.P. procurador General de los Heraldos del Evangelio en Roma, D. Justo Bermejo del Pozo, Vicario episcopal para el Clero, D. Julio Lozano Rodríguez, Vicario episcopal de la Vicaría VI de Madrid, D. Juan Pedro Ortuño Morente, Delegado Episcopal de Medios de Comunicación Social, D. Gonzalo Raymundo Esteban, E.P. sacerdote Heraldo del Evangelio, D. Feliciano Villa Rivera, asistente espiritual de los Heraldos en Madrid, D. Manuel Martín de Nicolás, párroco de la Visitación en las Rozas (Madrid), D. Mario Fernández Torres, párroco de El Bautismo de El Señor y D. José Aurelio Martín Jiménez, párroco de la Concepción, que hizo de maestro de Ceremonias.
Participaron también Cooperadores Terciarios de los Heraldos del Evangelio así como benefactores de la Asociación y miembros de la Asociación Cultural “Salvadme Reina de Fátima”. Dos matrimonios terciarios hicieron las ofrendas y las lecturas de la Misa.
En su Homilía el Cardenal Rouco Varela destacó como en el nuevo Código de Derecho Canónico se da cabida a las nuevas formas de vida religiosa: “
En este Tercer domingo de la Cuaresma del año 2011 tenemos ocasión para dar gracias a Dios por un nuevo carisma en la Iglesia, el de los Heraldos del Evangelio, un carisma que tiene que ver en su traducción canónica y eclesial con lo que el nuevo código de derecho canónico nacido del Concilio Vaticano II llama nuevas formas de vida religiosa o de vida consagrada y que está abierto a múltiples variantes y múltiples formulaciones, tanto doctrinales y espirituales como prácticas. En el fondo hablar de carismas siempre es hablar de ese Señor que se encuentra con la samaritana a la que le pide agua porque tiene sed. Era algo más que sed física. Ciertamente sentía él sed física en ese momento; pero mucho mas sentía otra sed, la sed espiritual. La sed de llevar su amor y su gracia —su agua— a los hombres de todos los tiempos, comenzando por aquella mujer pecadora que entablaba aquél diálogo tan hermoso, que conocemos por el Evangelio que se acaba de proclamar. El agua que Él promete es el agua que viene del Espíritu y que calma y colma la sed del hombre, no sólo la física si no una más honda, la del corazón, la del alma“
Mas adelante el Arzobispo de Madrid saludó a los concelebrantes: “Yo me alegro que concelebren conmigo los señores Vicarios episcopales presentes y por supuesto el Director General de los Heraldos del Evangelio en España, y el representante del Director General de la Institución para toda la Iglesia (Mons. João S. Clá Dias), y cuyos saludos, que yo agradezco, nos ha transmitido su colaborador en la dirección general en Roma. Y me alegro también de saludar a los Heraldos del Evangelio y a toda la familia de los Heraldos del Evangelio que está aquí presente (…) Y saludar también a todos fieles presentes en esta celebración eucarística”.
Recordó el Presidente de la Conferencia Episcopal Española que “ Sí, ese es Cristo, el que nos da el espíritu, el que nos da los carismas, Él es el verdadero Heraldo de la nueva época, de la nueva historia del Evangelio. Él es el que nos logra la justificación: Porque el corazón del hombre necesitaba ser abierto de nuevo, abrir sus ventanas y sus puertas para que entrase el amor y la Gracia de Dios. Tenía que ser justificado, había pecado mucho, habían pecado mucho, íbamos a pecar mucho, nos obstinaríamos en pecar mucho aún después de haber sido convertidos en seres, en personas, en hombres espirituales. Y ¿cómo se justificaba ese hombre pecador antes y después de lo que era y lo que suponía y significaba Cristo? Pues con la justificación que venía de El mismo, dando su cuerpo, dando su sangre, dando toda su humanidad en oblación de amor, para que el hombre pudiera también hacer de su vida una oblación de amor. Haciéndose uno de nosotros menos en el pecado, para que nosotros pudiéramos después hacernos uno como él, superando y venciendo al pecado. Quedamos justificados por Jesucristo desde el día de la cruz.
Desde ese día, la penitencia, el perdón, la misericordia, son las que abren el corazón del hombre, abren nuestro corazón antes de bautizarnos y después de bautizarnos el sacramento de la penitencia es el sacramento de ese perdón y de esa misericordia, para que el espíritu entre a raudales, entre a corrientes llenas y desbordantes en nuestro ser y en nuestra vida para hacernos hombres nuevos, para que podamos amar, no solo porque nos lo mandan, porque así no amamos, sino porque amamos y amamos como Cristo y le amamos a él, respondemos al amor de su corazón y a su justificación, la que nos ofrece, entregando nuestra vida, día a día, hora a hora, año a año, época a época, y también para anunciarlo al Mundo, para ser heraldos de ese Evangelio“.
Al final la Misa, Don Antonio María felicitó la Familia de los Heraldos con estas sentidas palabras: “A pesar de estar en tiempo de Cuaresma, siendo domingo, se puede hacer una felicitación también cordial y gozosa a los Heraldos del Evangelio, a toda la Institución, a la Familia de los Heraldos del Evangelio. Dar gracias al Señor y pedirle que sigan creciendo y sirviendo a la Iglesia, a través de esa vocación de evangelización clara, firme, valiente. Es lo propio de los Heraldos, que deben anunciar el Evangelio, públicamente, a toda voz. Que así sea.”
El Coro de los Heraldos del Evangelio acompañado de D. Paulino Ortíz de Jócano, organista de la Parroquia de la Concepción de Goya, tuvo a su cargo las músicas de la ceremonia.
fotos: cortesía Sergio Hollmann
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Etiquetas: Antonio Maria Rouco Valera, cultura, Madrid