|
Queridos sacerdotes, miembros de la vida consagrada y fieles laicos: No es fácil expresar con palabras todo lo que tiene mi corazón al hablar de la Virgen María. No sé si sabré trasladar por escrito todo lo que siento y quisiera deciros en estos momentos, pero no quiero que pase esta gran fiesta de la Mare de Déu dels Desamparats sin haceros una invitación, solemne y pública, a abrir vuestras vidas ante la mirada maternal y fecunda de la Virgen Santísima.
Permitidme hablaros de una costumbre que tenéis, pero que viene muy bien para trasladarla después a otros aspectos de la vida. Sé que muchos de vosotros vivís la sana costumbre de reuniros en familia con cierta frecuencia y pasar una jornada de encuentro y fraternidad. ¡Ojalá esta costumbre no la olvidéis nunca! Normalmente suele coincidir ese acto en domingo o en día festivo cuando, la familia se junta y comparte.
Los hijos ya casados acuden con sus hijos y las diferentes generaciones intercambian impresiones. Sin duda alguna, es un momento emotivo para todos. Cuidadlo y continuad haciéndolo, cuando aún están en vida vuestros padres y después entre vosotros.
Es una acción que sana el corazón y nos da la posibilidad de hacernos unos entendidos en la fraternidad y en la comunión. Si, además, todo esto lo realizáis desde la fe en Jesucristo y acompañados por la Virgen María, estoy seguro que os traerá grandes e inmensas bendiciones.
Esta costumbre la solemos trasladar a días festivos en que todos nos reunimos en torno a la Virgen María. ¡Qué admirable es ver también familias cristianas y parroquias que os acercáis cada cierto tiempo a realizar una visita a la “casa de nuestra Madre” como es la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados!
La fiesta de la Madre Esta reunión festiva tenemos la oportunidad de vivirla con más amplitud dentro de muy pocos días. El próximo 8 de Mayo, como tenemos costumbre, la gran familia de la Iglesia valenciana se reunirá en el día grande la fiesta de la Madre, que es un día de entusiasmo y fervor, de súplica y petición, de renovación de nuestra vida cristiana a ejemplo de nuestra Excelsa Patrona que hizo de su vida una oblación sincera y total a Dios.
En este año, junto con todo el esplendor de los actos habituales, añadiremos la efeméride del 50º aniversario de la declaración del título a la Virgen de los Desamparados como Patrona primaria y principal de la región Valenciana, concedido por el Beato Juan XXIII, Papa, siendo Arzobispo de Valencia el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Marcelino Olaechea, en el año 1961.
Esta fecha no puede pasar desapercibida para los cristianos. Precisamente por ello, he considerado que merecía una especial reflexión que nos ayudase a comprender la hondura profunda que tiene este título de la Virgen, con que el Señor ha enriquecido a nuestra tierra valenciana.
Protectora Lo primero que os invito a hacer es preguntarnos por el significado que tiene la figura de un patrón o como, es este caso, de nuestra patrona, Nuestra Señora de los Desamparados.
Etimológicamente hablando, el término procede del latín ‘patronus’ y hace referencia a aquel que hace de defensor o protector. Tal vez se podría definir como un protector que el Señor en su providencia amorosa, acerca a un pueblo o congregación, ya sea un santo, ya la Virgen o Jesucristo en alguna de sus advocaciones.
Así pues, con la bula pontificia de declaración de la Virgen de los Desamparados como Patrona principal se quería significar el amparo protector que la Santísima Virgen ejercerá sobre toda la región valenciana. ¡Qué bien expresan esto las antiguas láminas donde la imagen de la Mare de Déu aparece sobre la capital del Turia rodeada de campanarios!
La mismísima Virgen, con la mirada atenta y el manto extendido, que se preocupa de cada uno de sus hijos. Y así lo ha sabido vivir el pueblo valenciano acudiendo a su Excelsa Patrona ante calamidades y epidemias, guerras y disputas, crisis y dificultades.
Constantemente, la Virgen está escuchando el clamor, tanto personal o colectivo, de un pueblo que grita y acude a su Basílica con multitud de intenciones y súplicas, haciendo de ese lugar sagrado el corazón de la ciudad y el de toda la región valenciana. Es un sitio emblemático por excelencia.
A los pies de su imagen santísima están depositadas las lágrimas de los que sufren, la petición de salud para los enfermos, la esperanza de los pobres, la inocencia de los niños, el sosiego de los que no tienen paz, la fuerza de los que buscan trabajo, la acción de gracias de quien se sabe ayudado…
Y también la gloria de Valencia, el orgullo de España, el honor de nuestro pueblo, la dicha de ser nuestra abogada defensora y espejo nítido donde se refleja una fe íntegra y coherente. Por eso, podemos decir llenos de entusiasmo que todos los hijos de la Comunitat Valenciana estamos agradecidos por tan gran protectora.
La misma Virgen Santísima está constantemente intercediendo ante Dios presentándole todos nuestros ruegos y súplicas, y mostrándose como un “faro piadoso” que nos conduce hacia el puerto seguro, Jesucristo, el fruto bendito de sus entrañas. Por todo ello, ¡cuántas gracias debemos dar a Dios por habernos otorgado tan Excelsa Patrona! Ampara a nuestras familias Esta protección especial de la Santísima Virgen María, a lo largo de la historia de nuestra Archidiócesis, lo han manifestado los sucesivos arzobispos que han ejercido su ministerio episcopal bajo la atenta mirada de la Virgen de los Desamparados.
De esta manera, D. Marcelino Olaechea y Loizaga (1946-1966) compuso esta bella oración a la Virgen conocida por todos: “Ampáranos, Señora y Madre nuestra. Ampara a nuestras familias, a nuestros pueblos, a nuestra España, a nuestro mundo actual.
Aleja guerra y discordias. Une los corazones divididos con la alegría de sentirse, junto a Ti, hijos tuyos. Da, a los que tienen y pueden, ojos de misericordia, y corazón abierto. Da a todos pan, abrigo y amoroso hogar. Da salud a los enfermos, paciencia en el dolor a los que sufren, consuelo a los tristes, ilusión a quienes la han perdido. Aparta de las mentes el error, y de los corazones la debilidad. Mueve a los pecadores a volver en sí, y a los justos a virtud más alta. Haz que vivamos cantándote y que vayamos, con tu nombre en los labios, a contemplarte en la gloria junto a tu Hijo Jesucristo, que, con el Padre y el Espíritu Santo, vive y reina, Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.
También el Siervo de Dios D. José Mª García Lahiguera (1969-1978) supo reflejar en su vida un gran amor a la Virgen. En su presentación a los fieles de Valencia dijo en la homilía de la toma de posesión: “Amad a vuestro obispo. Con ello no haréis más que corresponder al inmenso amor que os tiene a todos y a cada uno vuestro obispo, que viene como padre para vivir con vosotros, y como pastor para morir por vosotros.
Mi Reina y señora, Madre mía, Virgen de los Desamparados, ¡ampárame!”. Y es impresionante leer el final de su testamento: “Doy gracias a mi Madre Inmaculada, Madre de la Iglesia, siempre Virgen María, Asunta a los cielos, Reina de mi corazón, Señora de mi vida, Dueña de todo mi ser, Madre de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, por haberme concedido para con Ella una tierna devoción mariana, filial, cariñosa, infantil, constitutivo característico de mi piedad. Consagrado a Ella desde mi nacimiento, de Ella como Mediadora Universal de todas las gracias espero confiadamente el perdón de mis pecados, la santidad de mi vida, mi perseverancia final y eterna salvación”.
Mi querido hermano D. Miguel Roca Cabanellas (1978-1992), al cual la muerte le sorprendió de forma inesperada, también se dirigió a la Virgen de los Desamparados. He aquí un extracto de su última Misa d’Infants del año 1991: “Como la sentimos presente y cercana pero no la podemos captar con nuestra mirada, los cristianos nos hacemos imágenes de María, que nos ayudan a representarnos su presencia. Para los valencianos la imagen de la «Mare de Déu dels Desamparats» es, desde hace siglos, un signo privilegiado y entrañable de esta dulce presencia de nuestra «Mareta»”.
En los escritos de mi último antecesor, D. Agustín cardenal García-Gasco y Vicente (1992-2009), también aparecen claras referencias marianas. Así se dirigía en su última Misa d’Infants en el año 2008, que versó en torno al 60º aniversario de la declaración universal de los Derechos Humanos: “Si Valencia tiene por Patrona a la «Mare de Déu dels Desamparats» aquí no caben racismos ni rechazos extraños al querer de Dios…
El nombre de nuestra Patrona en su advocación de Madre de los Desamparados puede ser comprendido también como «Madre del Amparo de los derechos humanos»”.
|