Primeros sábados en Valencia – La Ascensión del Señor

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Como está siendo habitual, el pasado 3 de mayo se realizó con gran solemnidad la devoción de los primeros sábados en la iglesia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, de Valencia dirigido por los Heraldos del Evangelio.Cortejo de entrada - cantos iniciales

Ofrecemos a los lectores de este blog un resumen de la meditación de ese día, sobre la Ascensión del Señor (segundo misterio glorioso) de autoría de nuestro Padre General, D. João Clá Dias, EP.

I – Composición del lugar. Fijemos nuestra atención en el Monte de los Olivos, monte de proporciones modestas, cuajado de olivos y Nuestro Señor allí, con los apóstoles, los discípulos, las santas mujeres y Nuestra Señora. Vamos a fijarnos con la vista de la imaginación en ese cuadro e imaginar a Nuestro Señor subiendo a los cielos.

Estas consideraciones tienen para nosotros un significado muy especial ya que en los días que vivimos, pasamos por dolores, aflicciones, dramas, complicaciones, aprensiones; los días son terribles y en estos momentos considerar la Ascensión de Nuestro Señor resulta para nosotros un motivo de de esperanza, de alegría, un motivo de Fe, incluso un motivo de amor a Dios.

II – De los Hechos de los Apóstoles, 1, 4-11:

Y comiendo con ellos, les mandó no apartarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del padre, «que de mi habéis escuchado; porque Juan bautizó en agua, pero vosotros, pasados no muchos días, seréis bautizados en el Espíritu Santo». Los reunidos le preguntaban: ¿Señor, es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel? Él les dijo: no os toca a vosotros conocer los tiempos y los momentos que el Padre ha fijado en virtud de Su poder; pero recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta el extremo de la Tierra.

Diciendo eso, fue arrebatado a la vista de ellos, y una nube le sustrajo a sus ojos. Mientras estaban mirando al cielo, fija la vista en Él, que se iba, dos varones con hábitos blancos se les pusieron delante y les dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Este Jesús que ha sido arrebatado de entre vosotros al Cielo vendrá como le habéis visto ir al Cielo.

III. Primer punto.

La Virgen es solemnemente coronada1. Nuestro Señor come con los apóstoles, es decir, Jesús con su cuerpo glorioso comía con los apóstoles y los discípulos. Esto ha levantado una discusión teológica de si en el Cielo, después de la Resurrección, habrá alimentos. Aunque Santo Tomás de Aquino, con su sabiduría teológica afirma que en el Cielo no habrá alimentos, una buena corriente de teólogos sostiene que sí, que en el Cielo habrá banquetes, habrá fiestas y que comeremos en el Cielo. Esta corriente se basa precisamente en este hecho narrado aquí por San Lucas. Es decir, si Nuestro Señor comió estando en cuerpo glorioso, nada impide que nosotros también comamos con nuestros cuerpos gloriosos en el Cielo.

¿Cómo comía el Señor? Jesús debería comer en la perfección de las perfecciones. Sus gestos, el modo como Él se comportaría en la mesa, el modo como masticaría, el modo como hablaba mientra comía… ¡todo debería ser hecho con una perfección extraordinaria!

Grandísimo ejemplo para nosotros ya que tantas veces, en nuestra vida social vemos a tantos y tantos que comen de forma intemperante, desequilibrada.

2. Él ordena que no se alejen de Jerusalén. Pero Jerusalén era el foco de odio al Señor, odio a los Apóstoles, odio a la Iglesia naciente; era el lugar más arriesgado que ellos podrían estar. El Señor les ordena eso ya que un sinnúmero de hechos aún estaban por suceder. Nuestro Señor les ordena y ellos obedecen, pese a los miedos, sustos y riesgos.

Otro ejemplo para nosotros: cuantas veces somos invitados por la Gracia, por una voz interior, a permanecer en oración, visitar una iglesia, acercarnos a la Eucaristía… Cuantas veces la Gracia nos toca en el fondo de nuestra alma y nos invita a la conversión; sin embargo, no obedecemos como lo hicieron los Apóstoles. Ellos también tenían familia, tenían obligaciones, negocios que cuidar ya que aún no habían abandonado todo. Ellos lo dejan todo y se quedan y si no lo hubieran hecho, no habrían pasado a la Historia.

¡Cuantas veces somos tocados por la Gracia para practicar un acto de piedad y esta o aquella obligación nos absorbe! Y nos vamos detrás de lo práctico, de lo concreto, de la materia, dejando los beneficios extraordinarios de la vida eterna.

3. …sino esperar la promesa del padre, «que de mi habéis escuchado; porque Juan bautizó en agua, pero vosotros, pasados no muchos días, seréis bautizados en el Espíritu Santo»

Ser bautizados en el Espíritu Santo es precisamente lo que ocurrió con nosotros en el momento de nuestro bautismo: pasamos a pertenecer a Iglesia Católica. Y de puras criaturas que éramos, pasamos a ser hijos de Dios.

¡Cuán más beneficioso y sublime es vivir en función de los sacramentos, en función del mandato dado por Nuestro Señor a los apóstoles y dado también para nosotros! Vivir del bautismo, de la confirmación, de la Eucaristía; vivir de la oración, de la vida sobrenatural y de esta manera, nos preparamos para el día en que se nos termine el tiempo y se nos abran las cortinas de la eternidad.

IV. Segundo punto.

Los reunidos le preguntaban: ¿Señor, es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?

publico asistente a los primeros sábadosEllos estaban hacía casi 200 años bajo la dominación romana. Los judíos eran sufragáneos de los romanos, les pagaban impuestos y eran protegidos por los mismos. Pero con ello habían perdido el poder político y el poder financiero, ahogando su gran deseo de dominar todos los demás pueblos. Lo curioso es que la Gracia, en el fondo de alma de los apóstoles, les decía que ellos eran llamados a conquistar el mundo. Pero confundían el régimen sobrenatural con lo político, lo social, lo meramente humano.

Así que, poco antes de la Ascensión ellos estaban tomados por la idea fija de que el Señor, que hacía milagros, resucitaba muertos, curaba paralíticos, ciegos, cojos, sordos, etc, haría el gran milagro por excelencia: dar el poder político al pueblo judío.

¿No tendremos nosotros también esa mentalidad? A veces juzgamos que el dinero, la influencia, el poder, es lo que hay de más absoluto, de más solido, y cuantas, cuantas veces queremos materializar las gracias que recibimos. Las gracias nos llevan a abrir el alma para contemplar lo que está en el Cielo y nosotros las meterializamos, nos volvemos a lo concreto, a lo práctico y nos olvidamos las maravillas de lo sobrenatural. No entendemos lo que Nuestro Señor nos dice en nuestro interior. Somos invitados a contemplar la eternidad y nos fijamos en las cosas de este mundo…

V. Tercer punto.

Él les dijo: no os toca a vosotros conocer los tiempos y los momentos que el Padre ha fijado en virtud de Su poder; pero recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta el extremo de la Tierra.

Nuestro Señor les dice que todo el poder está en manos de Dios y que a ellos no les toca gobernar esto o aquello, sino que son llamados a conquistar el mundo.

Ellos piden el gobierno de un pueblo y el Señor les da mucho más: ¡la conquista del mundo!

Diciendo eso, fue arrebatado a la vista de ellos, y una nube le sustrajo a sus ojos.

En este punto de la conversación, Nuestro Señor se eleva a los Cielos delante de ellos. ¡Espectáculo grandioso, bellísimo, único en la História!

En este arrebatamiento, Él no fue ayudado por nadie. ¿Cómo se elevó entonces? ¿Por un poder divino? o ¿por un poder humano?

Ese poder ningún humano lo tiene, por lo tanto solamente pudo elevarse por una fuerza divina, evidentemente. Él es la segunda Persona de la Santísima Trinidad, Él es Dios.

¿Habrá entrado también alguna fuerza humana? Sí, la del “cuerpo glorioso”. El cuerpo glorioso es un cuerpo espiritualizado y es el cuerpo que tendremos después de nuestra resurrección y se explica pues el alma es la forma del cuerpo. Al resucitar nuestro cuerpo estará en estado de perfección y enteramente harmonizado con nuestra alma, que estará en la Visión Beatífica, es decir, en la contemplación de Dios cara a cara. Modelado por nuestra alma, bastará un simple acto de nuestra voluntad para que nuestro cuerpo tenga el peso que queramos o no tenga ninguno. Debido a eso que el Señor se elevó, ya que el cuerpo glorioso no tiene ningún peso.

Al final de esta narrativa, San Lucas dice por la boca de dos ángeles que Él volverá de la misma manera que se fue. Es decir, en la magnífica contemplación de la Ascensión del Señor cabe también una nota de temor: Él volverá para juzgar a los vivos y a los muertos; aquellos que estarán a su derecha y los que estarán a su izquierda.

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