Qumrán, ¿confirmación o desmentido?

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Considerado el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, la colección de los manuscritos del Mar Muerto, viene a ser de gran auxilio a la exégesis cristiana, esclareciendo puntos relativos a las Sagradas Escrituras y confirmando la veracidad de los textos bíblicos que circulan hoy.

José Messias Lins Brandão
Revista Heraldos del Evangelio nº 86 – Septiembre 210

A principios del año 1947 un joven pastor beduino, llamado Muhammed edh-Dhib, buscaba afanosamente una oveja extraviada a lo largo del acantilado que bordea el Mar Muerto, a unos 10 km de la bíblica ciudad de Jericó. Escudriñando entre los huecos de la roca, entró en una cueva donde descubrió unas jarras de arcilla que contenían rollos de piel manuscritos, envueltos en tejido de lino. Los estuvo revisando y se llevó los siete que le parecían que estaban en mejor estado.

Algunos meses después los beduinos vendieron tres de esos rollos a un arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén y los otros restantes al convento sirio jacobita San Marcos, también de la Ciudad Santa.

No tardó mucho para que los estudiosos percibieran que Muhammed edh-Dhib había hecho el más sonoro descubrimiento arqueológico del siglo XX: los famosos Manuscritos del Mar Muerto.

Poco a poco, los investigadores comenzaron a explorar meticulosamente la región, mientras que los beduinos hacían lo mismo de su parte. Así, de 1949 a 1956 fueron descubiertas más de diez grutas, en las que se recogieron diversos rollos en diferentes estados de conservación y decenas de miles de fragmentos, algunos tan diminutos que sólo contienen unas pocas letras.

Riqueza y variedad de contenido

Una vez analizados y clasificados los fragmentos más grandes, se llegó a la conclusión de que componían un conjunto de 900 documentos escritos en hebreo, arameo y griego entre el final del siglo III a. C. y el año 68 de la Era Cristiana. La mayoría están escritos sobre pergamino, algunos en papiro y hay un único texto grabado en cobre.

Más de una cuarta parte de estos documentos está constituida por copias de libros del Antiguo Testamento, en su inmensa mayoría redactados en hebreo y arameo. Todos los libros canónicos de la biblia hebraica, salvo el de Ester y el de Nehemías, figuran allí, y frecuentemente son varios ejemplares; por ejemplo, hay al menos catorce manuscritos del Deuteronomio, quince de Isaías y diecisiete de los Salmos. También entre ellos se encuentran tres libros deuterocanónicos: Tobías, Eclesiástico y la Carta de Jeremías, que forma parte de Baruc.

Beduinos

Entre 1949 y 1956, beduinos e investigadors descubrieron once grutas con documentos. Fotografía sacada en la época de las escavaciones - royal Ontario Museum, Toronto (Canadá)

Un segundo bloque está formado por extractos de libros apócrifos como el de Jubileos, de Enoc, los Salmos apócrifos o el Testamento de los doce Patriarcas. También son de este conjunto un gran número de otros escritos como el Génesis apócrifo, la Oración de Nabónides, partes de himnos, anotaciones y comentarios, entre ellos el Tárgum de Job y el Comentario de Habacuc. Por último, extractos de lo que se podría llamar “códigos disciplinares” (la Regla de la comunidad, el Reglamento de la guerra de los hijos de la Luz contra los hijos de las tinieblas, el Escrito de Damasco), así como himnos, oraciones para cada día del mes, textos poéticos, comentarios de pasajes de la Biblia, calendarios, etcétera.

La misteriosa comunidad de Qumrán

Gruta IV Qumrán

Vista exterior de la gruta IV

Ahora le correspondía a los arqueólogos desvelar el misterio: ¿Cómo fue a parar en unas inhóspitas cavernas tan valiosa biblioteca? ¿De quién es la autoría de esos documentos, muchos de ellos inéditos?

La clave de la solución estaba, ciertamente, en las vecinas ruinas de Qumrán y en la enigmática comunidad que las habitaba durante el primer siglo de nuestra era. Pues “el grupo que escribió los manuscritos se llama a sí mismo de yahad, que en hebreo significa ‘el conjunto’, ‘la comunidad’”, nos explica la directora del Departamento de Tratamiento y Conservación de la AAI (Autoridad de Antigüedades de

Pnina Shor

Pnina Shor: "Cuando los manuscritos fueron encontrados, se verifió lo realmente admirable que es la exactitud de las traducciones — y eso es emocionante".

Israel), Pnina Shor, en una entrevista concedida en exclusiva a nuestra revista.1

A lo largo de los años no han faltado las controversias entre los especialistas sobre la identidad de esa comunidad. Pero hoy la gran mayoría de ellos la identifica con los esenios,2 más precisamente con los miembros de un ala radical de ese movimiento.3

Los esenios constituían, junto con los fariseos y los saduceos, los tres grupos religiosos principales en los que se dividían los judíos desde el segundo siglo antes de Cristo hasta la destrucción de Jerusalén. 4 Procuraban vivir la estricta observancia de la ley mosaica, ciñéndose aún más a la letra de ésta que los propios fariseos.

Según los autores de una determinada corriente, su nombre deriva del griego εσσηνοι (los piadosos). Aunque no aparezcan mencionados por su nombre en la Sagrada Escritura, no faltan referencias a ellos en escritores antiguos como Plinio el Viejo, Flavio Josefo o Filón de Alejandría.

Los esenios que vivían en Qumrán componían una comunidad masculina, célibe, de vida austera y regida por una regla, por tanto, asemejándose a los monasterios cristianos que surgieron siglos después. Y como reconoce la Dra. Pnina Shor, que es la responsable de la conservación de los manuscritos del Mar Muerto, “la descripción que [Josefo] hace de éstos [los esenios] y de cómo vivían es muy parecida a la que ese grupo narra de sí mismo”.5

El asentamiento de Qumrán fue arrasado en el año 68 por una legión romana. Todo indica que ante el imparable avance de las tropas imperiales los esenios intentaron poner a salvo su biblioteca. Al principio, envolvían los rollos en tejidos y los ponían en jarras de arcilla bien tapadas; pero después acabaron tirándolos en las cavidades del acantilado, con prisas y sin ningún tipo de protección.

A este respecto observa el teólogo luterano Joachim Jeremias: “Los hermanos debieron haber sido exterminados, hasta el último, en aquel año del 68, porque si uno sólo de ellos hubiera escapado, las grutas no habrían guardado su secreto hasta nuestros días”.6

El “fenómeno Qumrán”

El descubrimiento de los manuscritosdel Mar Muerto provocó lo que el sacerdote jesuita J. R. Scheifler describe como el “fenómeno Qumrán”, “una prodigiosa y alarmante fecundidad literaria, sobre todo entre los especialistas; y un inusitado interés entre el público en general, a veces con un rancio sabor de esnobismo y no sin una dosis de inseguridad y ansiedad entre los fieles”.7

En efecto, tan sólo en los primeros quince años después del descubrimiento de los rollos salieron a la luz “más de tres mil títulos, entre obras y artículos, además de una revista científica consagrada exclusivamente al tema”, acrecienta el estudioso jesuita.

El “fenómeno Qumrán” tampoco tardó mucho en traspasar de los círculos científicos a las revistas de generalidades. A lo largo de los casi sesenta años desde el hallazgo la prensa le dedicó al tema ríos de tinta y toneladas de papel, y ocupa hoy un espacio considerable en las páginas Web de Internet.

¿Cuál es la causa más profunda de ese “inusitado interés”?

Fidelidad de las versiones bíblicas

Biblia de Gutenberg

Biblia de Gutenberg - Colección privada, Nueva York

Antes de que Gutenberg imprimiera, en 1455, su Biblia de 42 líneas, cada ejemplar de las Sagradas Escrituras era una transcripción singular hecha por amanuenses. Ahora bien, ya que no se conservan los originales de los libros antiguo y neo testamentarios, ¿qué grado de fiabilidad tienen esas innumerables “copias de copias” realizadas a lo largo de diecinueve o más siglos por escribanos de diversas razas e idiosincrasia?

Hasta los descubrimientos del Mar Muerto, los manuscritos más pretéritos que contenían la Biblia completa eran el Codex Vaticanus (siglo IV), el Sinaiticus (siglo IV) y el Alexandrinus (siglo V), todos ellos procedentes de la Septuaginta —conocida también como la “de los Setenta”. Los primeros textos masoréticos —escritos enhebreo y que incluían únicamente los libros aceptados por la religión judaica— eran más recientes: tanto el Codex Leningradensis como el Aleppo están fechados en el siglo XI. También se conservaron fragmentos anteriores, el más antiguo de ellos es un raro papiro del siglo II a. C. que sólo contiene el Decálogo y un extracto del Deuteronomio.

Codex Sinaiticus

Páginas del "Codex Sinaiticus" - Freer & Sackler Gallery,Snmithsonian Institution, Washington

Sin embargo, en 1947 surgían inesperadamente en las once grutas del Qumrán un gran número de textos bíblicos copiados entre el siglo II a. C. y el I de la Era Cristiana que podían reforzar la autenticidad de las versiones de las Sagradas Escrituras utilizadas hoy por la Iglesia, o indicarles las deficiencias. Además, la mayoría de los libros del Antiguo Testamento habían sido copiados en hebreo o en arameo, lo que permitía confrontarlos con el texto griego de la Septuaginta. Esas fueron las razones que hicieron tan esperada la publicación de los documentos del Mar Muerto.

Recientemente vino a la luz el último volumen de la colección de los manuscritos; 8 cualquier persona con conocimientos de hebreo, arameo y griego puede conferir las diferentes versiones y comprobar que a lo largo de los siglos las traducciones mantuvieron una impresionante fidelidad.

Evangelios Bizantinos Siglo X

Evangelios bizantinos, Siglo X - Smnithsonian Institution, Washington

Por eso la Dra. Shor comenta que, por medio de los manuscritos del Mar Muerto, se puede constatar que las traducciones griegas y latinas de las Sagradas Escrituras se conservaron fieles a sus originales hebreos. “Cuando los manuscritos fueron encontrados, se verificó lo realmente admirable que es la exactitud de las traducciones —y eso es emocionante”.9

Al contrario, por lo tanto, de lo que algunos preveían, los manuscritos de Qumrán han venido a demostrar que los textos de las Sagradas Escrituras conservados por la Iglesia Católica y propuestos a los fieles durante casi veinte siglos son perfectamente confiables. Y desmontaron ciertas hipótesis imaginativas sobre el origen del Nuevo Testamento que surgieron cien años atrás.

Hipótesis imaginativas sobre los cuatro Evangelios

De hecho, algunos exegetas de principios del siglo XX quisieron ver en los libros del Nuevo Testamento obras tardías, distantes de la propia realidad que narran, influenciadas por la mitología y filosofía griegas. No obstante, tal hipótesis se choca contra la evidencia proporcionada por los manuscritos del Mar Muerto.

Muchas de las expresiones y estilos supuestamente helénicos de las redacciones neo testamentarias coinciden con expresiones y estilos encontrados en los citados manuscritos, de los cuales los más recientes se remontan al año 68 d. C. De esta forma se demuestra que eran de uso habitual en la sociedad judaica de los tiempos de Jesús y, a fortiori, que los autores del Nuevo Testamento estaban acostumbrados a pensar y a hablar en hebreo o arameo y no en griego.

Aunque no haya sido probado que entre los documentos de Qumrán existan fragmentos de escritos neo testamentarios,10 con todo, “varios textos clave contienen informaciones, ideas o un lenguaje muy similar a los encontrados en ciertos pasajes de los Evangelios”,11 como en las Epístolas y en los Hechos, aunque no hayan sido redactados por cristianos o para los cristianos. Por ello, la Dra. Shor dice que “se puede ver en ellos los orígenes del cristianismo, junto con textos bíblicos y otros textos judaicos. De esta manera se constata el origen común de las dos religiones”.12

Sin embargo, es en el tercer bloque —que contiene, como hemos visto, textos doctrinarios y disciplinares de los esenios— donde encontramos algunos elementos de más interés para la exégesis neo testamentaria.

En esos documentos inéditos pululan numerosas palabras, frases y descripciones de hechos que nos remiten sorprendentemente a palabras, frases y hechos de los Evangelios y de alguna epístola de San Pablo: “pobres de espíritu”, “justificación por la Fe”, lucha en los “hijos de la Luz” y los “hijos de las tinieblas”.

Merecen destaque dos expresiones usadas por San Lucas: “será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35) y “será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1, 32). Una anterior generación de exégetas intentaba buscar el origen de esos términos en el paganismo helenista, pero son halladas en un texto arameo de Qumrán, en el que se lee claramente: “Será designado por el nombre de ‘Hijo de Dios’, y le llamarán ‘Hijo del Altísimo’” (4Q246). Por tanto parece que tales conceptos se desarrollaron en círculos judaicos, lo que constituye una prueba más del enraizamiento hebreo, y no helénico, del Nuevo Testamento.13

Aún más impresionante fue el descubrimiento relacionado con la respuesta dada por Jesucristo a los discípulos de Juan el Bautista, que fueron a preguntarle: “¿Eres Tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Mt 11, 3; Lc 7, 20). Y Él le responde: “Id a contar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven y los paralíticos andan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres…” (Mt 11, 4-5; Lc 7, 22).

Las palabras del Señor aluden de manera visible a Isaías (35, 5-6 y 61, 1). Aunque en este libro profético no se hable de la resurrección de los muertos. No obstante, en el fragmento 4Q521 de Qumrán, que se refiere al Mesías, se afirma: “Pues curará a los gravemente heridos, resucitará a los muertos, traerá buenas nuevas a los pobres”.14

Según comenta J. Collins, la impresionante semejanza entre este fragmento y los citados pasajes de los Evangelios de San Mateo y San Lucas permiten llegar a la conclusión de que Jesús “proclama el Reino de Dios, y a través de su ministerio de curación y exorcismo, demuestra que está presente, y dice ser ungido y así calificado para proclamar la buena noticia. [Este fragmento] significativamente apoya la opinión tradicional de que Jesús se veía ciertamente a sí mismo como el Mesías de Israel”.15

En total fueron identificados más de 500 paralelos entre el lenguaje de Qumrán y el del Nuevo Testamento, muchos de ellos sin precedentes en al Antiguo Testamento.16 La imaginativa hipótesis a propósito del origen helénico de los escritos neo testamentarios queda, así, definitivamente descartada.

Desmentido cabal a hipótesis sensacionalistas y extravagantes

Sin embargo, el origen común judaico de las literaturas qumránica y neo testamentaria, así como las similitudes indicadas arriba, condujeron a poner nuevamente en duda la autenticidad de las tivas evangélicas, analizándolas ahora desde otro prisma.

Se pretendía probar que el cristianismo naciente no aportaba ninguna novedad; no era nada más que una prolongación de la comunidad de Qumrán, un mero plagio de ella. “Se veía, en el grupo esenio, un predecesor de la comunidad cristiana, e incluso su origen. Se pensaba, notablemente, haberse encontrado en el Maestro de Justicia un precursor de Jesús: se tenía por cierto que la secta habría visto en él al Mesías, se le atribuía una muerte violenta, suponiéndose incluso que habría sido crucificado, y se hablaba de fe en su resurrección y en su regreso”.17

El profesor Dupont-Sommer llegó a concluir que las similitudes entre la religión cristiana y la secta esenia “constituyen un conjunto casi alucinante”, añadiendo: “En todas partes, en que los paralelos obligan o invitan a pensar en un plagio, el plagio está hecho por el cristianismo”. 18

Algunos galopaban en sus hipótesis, obteniendo mucha atención en los medios de comunicación. Un periodista americano, E. Wilson, opina que el monasterio de Qumrán “es, quizá más que Belén o Nararet, la cuna del cristianismo”.19

Y en el periódico ruso Konsomolskaia Pravda, del 9/1/1958, se lee que los rollos del Mar Muerto “demuestran de manera perentoria el carácter mítico de Moisés y de Jesús”.20 John Allegro, Barbara Thiering y Edmond Székely se hicieron populares en la literatura sensacionalista por sus hipótesis extravagantes, pretendiendo apoyarlas en los manuscritos del Mar Muerto para reducir al cristianismo a una secta pagana o gnóstica, para negar la existencia histórica de Jesús o para atribuirle una vida excéntrica. 21

Ahora, tras la catalogación final de los pergaminos y el actual estado de conocimiento sobre su contenido, ya no hay más sitio para tesis esdrújulas y fantasiosas. A tal propósito, Vanderkam y Flint son tajantes: “Debemos dejar claro que las teorías o enfoques descritos [anteriormente] no son compatibles con los estudiosos de los Rollos del Mar Muerto”.22

Diferencias en puntos esenciales

San Lucas Evangelista

"San Lucas Evangelista" - basílica de San Marcos, Venecia

Refutando las hipótesis antecedentes, basadas todas ellas en las semejanzas entre textos esenios y textos cristianos, los manuscritos de Qumrán demuestran que existen diferencias irreconciliables en puntos fundamentales.

Uno de los temas donde el choque es mayor entre la concepción cristiana y la de Qumrán es el de la Ley de Moisés. En la comunidad del Mar Muerto, la justificación por la Ley tiene un carácter intenso y la realización de la perfección por medio de la Ley era allí interpretada de un modo más estricto que entre los propios fariseos.

Em Qumrán “la Ley es propiamente el Mesías, la Salvación”. 23 Por causa de eso, según escribe Scheifler, sin atribuir siquiera a

Fragmento 11Q14 Manuscritos del Mar Muerto

Fragmento 11Q14, que pertenece al Libro de la Guerra (entre 20 y 50 d.C.)

Jesucristo una actitud polémica relativa a aquella comunidad, es probable que haya una alusión a Qumrán en su respuesta a los legisperitos sobre la curación en sábado: “¿Quién de vosotros, si tiene una sola oveja y esta cae a un pozo en sábado, no la va a sacar?” (Mt 12, 11). “Las palabras de Cristo parecen suponer una práctica admitida o de sentido común. Sin embargo, la secta de Qumrán, más estrecha en la casuística sabática que los mismos fariseos, la prohibían expresamente”.24

El punto más difícil de armonizar entre el cristianismo y la doctrina de Qumrán es el del amor al enemigo. ¿Habrán sido una referenciadirecta a ellos las palabras de Jesús: “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo, pero yo os digo…” (Mt 5, 43s)? Un buen número de especialistas responden afirmativamente.25 Del mismo modo, la extensión dada por el Señor al mandamiento del amor al prójimo es ajena al pensamiento de la comunidad de Qumrán. Ésta se aferraba a un exclusivismo separatista y orgulloso, considerando digno de amor sólo a su selecto grupo, excluyendo de manera absoluta a los paganos y la mayoría de Israel. Más que para los fariseos, las tres parábolas de la misericordia (Lc 3, 3-32) y el “yo tampoco te condeno”, dirigido a la adúltera, debe haber repercutido como algo insoportable en Qumrán.26

La arqueología confirma el acierto de la Iglesia

Por causa de la tardanza en la publicación de los manuscritos del Mar Muerto, referido antes, se levantó en cierto momento la sospecha de que la Santa Sede estuviera poniendo obstáculos a ello, por recelo de la verdad histórica. En uno de los episodios más rocambolescos, M. Baigent y R. Leigh aprovecharon el clima creado para lanzar un libro con el llamativo título de El engaño de los Rollos del Mar Muerto (y como subtítulo “¿Por qué un puñado de eruditos religiosos conspiraron para suprimir el contenido revolucionario de los Rollos del Mar Muerto?”). 27

Según sus autores, el equipo de especialistas a cargo de la publicación estaba bajo el control del Vaticano, quien temía ver al cristianismo eliminado por las revelaciones contenidas en los referidos manuscritos. El libro se convirtió en un best seller. Quien lo compró cayó en un verdadero engaño, pues como comentan VanderKam y Flint, “ahora que todos los rollos están disponibles en formato fotográfico, en transcripciones, en traducciones, uno se pregunta qué puede haber llevado a alguien a pensar que causarían daño al cristianismo o que el Vaticano tuviera interés, e incluso poder, de destruirlos”.28

Al contrario de escritores como esos, los estudiosos cristianos ven en los manuscritos del Mar Muerto una inagotable fuente de datos exegéticos, un inestimable instrumento para su trabajo.

_________________________________

1 KRALJ, Gustavo Adolfo. Entrevista a la Dra. Pnina Shor. Madrid: Revista Heraldos del Evangelio, n. 74, 2009, p. 49

2 Cf. VANDERKAM, James; FLINT, Peter. The Meaning of the Dead Sea Scrolls. London, New York: T&T Clark International, 2002, pp. 239- 252

3 Cf. SIEVERS, Joseph. Judaísmo y Cristianismo del siglo I a través de los Rollos del Mar Muerto. Texto de la conferencia disponible en www. sion.org.ar/material_lectura/jud_ crist_qumran.htm, p. 3.

4 Cf. JOSEPHUS, Flavius. Jewish Antiquities. London: Wordsworth, 2006, p. 549; JOSEPHUS, Flavius. The Jewish War. London: Penguin Books, 1981, pp. 133-137

5 KRALJ, op. cit., p. 49

6 JEREMÍAS, Joachim. Estudos no Novo Testamento. Santo André: Academia Cristã, 2006, p. 409

7 SCHEIFLER, J.R. Así nacieron los Evangelios. Bilbao: Mensajero, 1967, p. 231

8 La colección de 40 volúmenes, titulada Discoveries in the Judaean Desert (Oxford University, http://www.oup.co.uk), venía siendo publicada a lo largo de los años. El volumen 39 fue editado en el 2002 y trae una introducción y notas a la colección completa. El último libro vino a la luz en el 2009.

9 KRALJ, op. cit., p. 50

10 Tampoco ha sido probado que no los haya, como lo demuestran Vanderkam y Flint, op. cit., pp. 311-320. Dejamos de propósito a un lado el cuidadoso estudio hecho por el papirólogo jesuita español José O’Callaghan Martínez sobre el fragmento 7Q5, ya que, por el material disponible hasta el momento, no es posible concluir a favor o en contra de sus hipótesis (ídem, p. 320).

11 Vanderkam y Flint, op. cit., p. 330

12 KRALJ, op. cit., p. 49

13 Vanderkam y Flint, op. cit., pp. 334-336; SIEVERS, op. cit., p. 6

14 Ídem, pp. 333-334; ídem, p. 7

15 COLLINS, John J., apud Vanderkam e Flint, op. cit., p. 334

16 Cf. Scheifler, op. cit., p. 251

17 JEREMÍAS, op. cit., p. 417

18 Dupont-Sommer, A. Aperçus préliminaires sur la Mer Morte. Paris: L`Órient ilustré, 1950, v. IV, p. 122, apud Scheifler, op. cit., p. 235

19 E. WILSON, apud Scheifler, op. cit., p. 235

20 Jornal Konsomolskaia Pravda, apud JEREMÍAS, op. cit., p. 417

21 Cf. Vanderkam y Flint, op. cit., p. 321-330

22 Ídem, p. 330

23 Scheifler, op. cit., p. 257

24 Ídem, p. 259

25 Cf. Ídem, p. 262

26 Cf. Ídem, p. 265

27 ISBN 0-671-73454-7, 1991

28 VANDERKAM y FLINT, op. cit., p. 394

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2 comentarios to “Qumrán, ¿confirmación o desmentido?”

  1. liliana briceño quintana Says:

    EXCELENTE EL TEMA ES SUPER INTERESANTE

  2. liliana briceño quintana Says:

    ME ENCANTA ESTE TEMA SOBRE TODO EL ENFOQUE QUE SE LE DA EN ESTE ARTICULO

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